Tupak Amaru: Las mil caras de la serpiente resplandeciente revolucionaria


por Xuan Pablo González

Hay un fantasma que recorre la Awya-Yala, de sur a norte, inspirando luchas y rebeliones: Tupak Amaru, el más importante revolucionario de nuestra historia americana, por lo extenso de su influencia, tanto en el tiempo histórico como en el espacio geográfico, y en la realidad mítica, que sigue teniendo una vigencia avasallante en la política de todo el continente (incluyendo obviamente a Argentina), y todo un pasado, presente y futuro, misterioso e insospechado.

La raíz del nombre tupamaro nace en los Andes: Tupak Amaru significa en kechwa Serpiente Resplandeciente. Y Tupak Katari en aymara significa lo mismo. En la cosmogonía andina la serpiente representa el conocimiento, y es una serpiente resplandeciente, Kon Tiksi Wira Kocha, el rayo primigenio que da vida al Universo, las estrellas, el Sol, los planetas, y fecunda a la Pachamama.

Dentro de las culturas andinas encontramos “la estirpe o escuela de los Amaro Runa” (Javier Lajo), es decir la Gente Serpiente, entre los que están sus más relevantes sabios y héroes míticos-históricos. Desde Thunupa Wirakocha, a Manko Kapak y Mama Okllo (la pareja primigenia del mundo inka) y Atawallpa. Es decir que los principales héroes preinkas e inkas fueron gente serpiente: y de allí surgen las familias de los Tupak Amaru, y los Tupak Katari, padres en las luchas de independencia de nuestros pueblos.

La conquista de América no fue ni tan rápida ni tan efectiva como se esforzó en hacernos creer la historia y sus libros, ya que la Awya-Yala nunca se entregó ni se rindió completamente a sus invasores, y de hecho la sublevación y la rebelión son marcas bien propias, constantes e inextinguibles en esta tierra que aún busca su liberación e independencia. Cuentan que cuando el Inka Atawallpa fue asesinado por Pizarro, en 1533, antes de morir dijo que “volvería en la forma de un amaru”. Y poco después Felipe Tupak Amaru será el nuevo Inka, guiando la resistencia kechwa-aymara desde los Andes.

Después el virrey Toledo le corta la cabeza al Inka Tupak Amaru, y al Tawantinsuyu (mal llamado Imperio Inka), hasta que en 1780 aparece su bisnieto y sucesor, José Gabriel Condorkanki, conocido como el Inka Tupak Amaru II, que guiará la rebelión más grande e importante de toda la colonización española en Awya-Yala: la sublevación tupamara se extendió hasta llegar a Colombia, Venezuela, Panamá y México en el norte, y hasta Argentina y Chile en el sur.

Según Boleslao Lewin, esta rebelión fue la que posibilitó la futura “independencia” de los países latinoamericanos, ya que dejó debilitada la ocupación española, tanto militar como económica y moralmente.
Pero Tupak Amaru no estuvo solo. Junto a él estaba su compañera Mikaela Bastidas, y Tomás Katari y sus hermanos, y Tupak Katari y su compañera Bartolina Siza, además de miles de sublevados, indios de las sierras y de la selva, negros esclavos liberados, y mestizos y criollos que se sentían hijos de esta tierra.

Tras la cruel ejecución de los rebeldes, los Tupamaros fue el nombre que eligieron varios de los revolucionarios de Mayo argentos, y de toda la Latinoamérica de principios del siglo XIX: Belgrano, San Martín, Castelli, Mariano Moreno, Monteagudo, Artigas, Güemes y muchos otros, se sintieron herederos de la lucha tupamara, y su plan fue precisamente nombrar Inka a Juan Bautista (hermano menor de Tupak, que fue liberado de su prisión española en el norte de África), para ocupar el trono de las Provincias Unidas Suramericanas (como fue aprobado por el Congreso de Tucumán en 1816), para que gobierne desde el Cuzco.

Este proyecto tupamaro fue boicoteado principalmente por las oligarquías criollas, desde Buenos Aires, Lima, y otras ciudades, y nunca llegó a concretarse, pero el sueño tupamaro siguió agitando nuevas rebeliones: en 1867, desde la ahora república del Perú, Juan Bustamante es nombrado Tupak Amaru III, y guía un nuevo levantamiento indio, que es sofocado entre los ejércitos boliviano y peruano.

Poco después el coronel y cacique Pablo Zárate “Tata Wilka”, guía una nueva rebelión india en tierras bolivianas, que dio vida “al primer gobierno indio de América” (Fausto Reinaga) desde Oruro, inspirado en las luchas y proclamas de Tupak Amaru y Tupak Katari, que también fue disuelto por la oligarquía y los milicos colonizados.
En 1952 Ernesto Guevara viaja por el Perú inkaiko, recorre el Cuzco y las antiguas comarcas de Tupak Amaru, y dice que ésa tierra: “lo invita a ser guerrero y defender la libertad y la vida del Inka”. Allí se transforma en el Che, mientras en Bolivia estalla otra revolución india para “la restauración de la comunidad inka”, que dará pie a una reforma agraria.

Tras la Revolución Cubana, cuatro organizaciones armadas guerrilleras suramericanas levantaron la bandera de la rebelión tupamara-katarista, a lo largo y ancho del antiguo Tawantinsuyu. Cuatro ejércitos clandestinos para las cuatro direcciones: en el oriente o Antisuyu aparecen los uruguayos del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, en los 60 en tierras charrúas; en el oeste o Kontisuyu, surgen los tupamaros marxistas en Perú, en los 80, y después de varias masacres campesinas de terrorismo de estado, serán el MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru); en el norte o Chinchaysuyu, aparecen los bolivarianos del Movimiento Revolucionario Tupamaro, y desde fines de la década, en Venezuela; y por último en el Kollasuyu, al sur, encontramos a los bolivianos del Ejército Guerrillero Tupaj Katari (EGTK) en los 90.

Por esos años surge también un rapero tupamaro en el corazón del Imperio del Norte, Tupac Amaru Shakur, hijo de dos Panteras Negras (grupo afroamericano revolucionario). Tupac dijo que su música era “un grito de guerra contra Estados Unidos”, y al poco tiempo lo asesinaron.

Ya en este siglo XXI, Tupak Evo Morales es nombrado presidente de Bolivia, escoltado por el exguerrillero katarista Álvaro García Linera, y en sus discursos reviven los nombres de Tupak Amaru y Tupak Katari.

Al poco tiempo el exguerrillero charrúa Pepe Mujica es elegido presidente de Uruguay, mientras en Venezuela y Perú los rebeldes tupamaros continúan sus luchas, los primeros apoyando a Chávez, los segundos contra el neocolonizado García.

Simultáneamente, en el noroeste argentino surgen dos organizaciones político-sociales que también rinden homenaje a las luchas tupamaras-kataristas: por un lado la Tupac Amaru, derivada de la CTA, liderada por Milagro Sala, que es apoyada por el gobierno de los Kirchner. Por otra parte, enemistada con el gobierno K, surge la Tupaj Katari, liderada por el Perro Santillán. “Reafirmamos la lucha de nuestros hermanos originarios en contra del saqueo de nuestros bienes naturales y la violación permanente a nuestra Pachamama: el triunfo será posible si todos los oprimidos luchamos juntos”, dice Santillán, ya que en nuestro país y en nuestro continente sigue habiendo “mucha impunidad, mucha muerte”.

Cuenta una leyenda que a la cabeza decapitada de Tupak Amaru le está creciendo el cuerpo bajo la tierra de la Awya-Yala, y que el día que el cuerpo esté completo volverá, y “todo lo que fue indio volverá a serlo”.

JAVI VARGAS SOTOMAYOR Artista Plástico interdisciplinario. Interesado en re-contar las historias del Perú, sus héroes y mitos, travistiéndolos confrontando el patriarcado en un juego de realidad y ficción. javivargas.blogspot.com

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