Pablo Solana: “Seguimos creyendo que los procesos no pasan por la superestructura política”

Foto: sub.coop

Por José Luis Meirás 

Hace una década Pablo Solana conformaba un equipo inseparable con Darío Santillán, eran los encargados de prensa del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de Lanús, una de las regionales que conformaban la Coordinadora Aníbal Verón dentro del entonces novedoso movimiento piquetero.
Desde ese momento ha pasado mucho más que agua bajo el puente. Un recuento brevísimo: a fines de 2001 en la Argentina estalló la mayor crisis económica, política y social de la que muchos tuvieran memoria. Cacerolazos, asambleas barriales y fábricas recuperadas eran la expresión de un descontento y desconfianza generalizados hacia la dirigencia política. Meses después Darío fue asesinado junto a Maximiliano Kosteki por la represión policial que desató contra los movimientos sociales el entonces presidente institucional de facto Eduardo Duhalde. Más tarde aparece en escena Néstor Kirchner, incorporando a la gestión presidencial nuevos u olvidados paradigmas políticos.
Hoy el Frente Popular Darío Santillán, del cual el MTD de Lanús fue embrión, es una de las organizaciones territoriales con mayor despliegue y diversidad de iniciativas: una fábrica de bloques para la construcción, una editorial de libros, comunidades rurales, frentes sindicales en distintos gremios, agrupaciones estudiantiles, colectivos de arte, bachilleratos populares y por supuesto su accionar en el imperativo día a día de los barrios, exigiendo mejores condiciones de vida para aquellas y aquellos que el sistema quiere dejar afuera.
Solana nos recibió en Roca Negra, el inmenso predio expropiado de Monte Chingolo donde todavía funciona la bloquera que inauguró Darío Santillán, además de un bachillerato para adultos (que acaba de tener su primera promoción de egresados), un taller de herrería, un comedor y la prolífica Editorial El Colectivo. Roca Negra está en obra: llevan adelante un proyecto arquitectónico para el centro social concebido por un grupo de arquitectos de la UBA junto a los integrantes del movimiento.
Es un mediodía de semana y el lugar está en movimiento, hay gente cocinando, hay reuniones en las aulas, algunos compañeros llegan con hambre y evidentes muestras de un trabajo duro realizado, así Pablo nos empieza a contar sobre las experiencias de trabajo cooperativo en obras públicas municipales:
“Esta es la experiencia más reciente, los intendentes tienen más recursos e intentan usarlos como hicieron siempre, pero nosotros aprovechamos para que haya trabajo para los compañeros y con cosas genuinas, evitando caer en una lógica de mierda que siempre te propone el Estado: `quieren hacer esto, bueno esperan acá los pasa a buscar el camión municipal, los lleva, los trae, les pagamos nosotros`, y entonces ya te quedás como empleado municipal tercerizado. Para evitar eso hicimos que prime la logica cooperativa en el mejor sentido, de autoorganización y autogestión del laburo, aun con un empleador. Le decimos empleador y no patrón, porque el Estado te emplea pero la forma de trabajo la decidimos nosotros con las pautas y los tiempos”.

-¿La vinculación del Frente con la ejecución de obras públicas es solamente en Lanús?
-No, ahora también hay en Esteban Echeverría con tendidos sanitarios, o en Luján y Tucumán con la construcción de viviendas. A ver…, el parámetro hoy en día es el Programa Argentina Trabaja, que funciona en el Gran Buenos Aires y en algunas ciudades del país, que se suponía que iba a impulsar unos 100 mil puestos de trabajo genuíno a través de cooperativas. Argentina Trabaja terminó manejado de manera punteril y clientelar, palabras muchas veces mal usadas pero que definen una manera de funcionar, en este caso como una dádiva de mayor jerarquía que un Plan Jefes y Jefas, porque ahora se trata de mil doscientos pesos. Pero la estructura de intendente-funcionario-puntero existe. En cambio acá en Chingolo, donde no hay educación para adultos, tenemos un bachillerato que organizamos, es la contra-prestación de ese programa de empleos. Está lo de Echeverría, algunas obras públicas en Lanús, los talleres de costura también en base a la producción del guardapolvo social -el Estado está comprando guardapolvos en talleres cooperativos de los cuales algunos son nuestros-. Hay algunos emprendimientos productivos propios, la realidad es que es muy difícil, por ejemplo un emprendimiento textil que produzca compitiendo con La Salada, con los productos chinos o con los de los propios de talleres clandestinos acá. Tenemos producciones como la de la bloquera, hay particulares o corralones de la zona que vienen a comprar, pero también tratamos darle estabilidad comprometiendo a un intendente del conurbano con una compra importante, vamos y le decimos “mirá, comprá 20 mil bloques, necesitamos que nos compres una producción de 20 mil bloques”.

-¿Hasta qué punto esa mínima apertura de algunos intendentes o funcionarios les permite consolidar una lógica de funcionamiento distinto?
-El primer punto es que hay guita y la usan mal, la usan en el sentido tradicional de recomponer su estructura política y punteril. Pero se generan condiciones para que algunos proyectos tengan un canal de consolidacion y que experiencias más focalizadas dentro de programas más masivos, en los que no todas son buenas, terminen generando un sustento económico genuino y cualifiquen la realidad como trabajadores para muchos compañeros. Lo que nosotros le agregamos a eso es la decision de autoorganizar el trabajo, lo que decimos con el grupo de obras “construir paredes y construir conciencias”. Cada semana el balance tiene que ir en los dos planos.
Sí es cierto que en los últimos dos años el Estado también abrió algunos canales a nivel recursos para que estas experiencias tengan a dónde apelar. Ahí el riesgo es la pérdida de autonomía, el acomodarse a la relación con el Estado, o peor, terminar cooptados en una lógica de una adhesión política a algo que realmente en términos de un análisis de la estructura productiva no dejan de ser migajas.
No dejamos de leer que hay un problema de fondo de matriz productiva que el kirchnerismo no revirtió. En ese sentido más que aprovechar esas grietas tampoco pensamos que haya demasiado que agradecer, sigue habiendo una situación de pobreza estructural, de necesidades extendidas en los barrios, de infraestructura comunitaria, de vivienda.

-Recientemente algunas agrupaciones sindicales y territoriales lanzaron un sindicato de trabajadores precarizados y autogestivos, desde el FPDS impulsaron esta iniciativa ¿de qué se trata?
-Desde los primeros talleres que hicimos con compañeros para tratar de pensar la cosa reconocíamos que nosotros queríamos trabajar sin patrón, con empresas autogestivas. Pero finalmente el Estado terminaba siendo un empleador de muchos de nuestros trabajos. En trabajadores de los planes federales de vivienda, en Argentina Trabaja, el Plan Agua + Trabajo anteriormente, se dieron experiencias que dejaron algunas cooperativas conformadas y algunas experiencias laborales que después se truncaban pero ahí estaban. Si el Estado es el empleador no queríamos caer en el conformismo de asumir una forma de trabajo tercerizada o precarizada, donde no están cumplidos ningunos de los derechos de los trabajadores, es decir que sea un plan de empleo pero sin derechos laborales. Supongamos que hay experiencias laborales autónomas al Estado, allí tiene que ser garante de cobertura médica y obra social o de condiciones dignas de trabajo para cualquier trabajador sea cual sea su situación. Asì surge la AGTCAP, Asociación Gremial de Trabajadores Cooperativos, Autogestivos y Precarizados. Por ahora presentamos un pedido de inscripción gremial en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, hicimos una movilización y acto donde vinieron compañeros del Subte, de Zanón, de algunas seccionales de ATE, de la propia Junta Interna Gremial del Ministerio de Trabajo. Sabemos que es algo que va a costar, pero queremos ser parte del debate sobre las nuevas modalidades del trabajo y sobre las nuevas formas de agremiación de acuerdo a esas nuevas realidades.

-En algún momento la caracterización de un nuevo actor como eran los movimientos de desocupados, así como cierto tipo de trabajo social militante en merenderos, produjeron debates con concepciones más clásicas de la izquierda…
Yo no se si el problema de la valoracion de los movimientos de desocupados pasaba por no reconocerle un valor a la lucha reinvindicativa. Tradicionalmente en la clase trabajadora se lucha por salario, hubo huelgas que terminaron convirtiéndose en grandes luchas políticas a partir de las reinvindicaciones más elementales, las revoluciones en general se hicieron en nombre de cosas tan simples como el pan, el trabajo y la paz. Creo que el problema que hubo hace unos años era no reconocer un sujeto social con características nuevas. Si se puede en la clase trabajadora formal partir de lo básico, hablar del salario, la ropa de trabajo, la jornada, las condiciones de seguridad laboral, por qué no se puede en un barrio hablar de la falta de vivienda, de las inundaciones o de la falta de atención médica en la salita.
Creo que historicamente hubo en la estructura social de nuestro país, desde un movimiento villero hasta el movimiento de desocupados, expresiones de un sujeto que a la izquierda tradicional siempre le costó reconocer, y que nosotros entendemos como parte de la clase trabajadora, con ciertas particularidades, por ejemplo las condiciones de precariedad. Bienvenido sea que ahora el concepto de precariedad sea más frecuente y aceptado, pero la realidad es que el trabajo precario -las changas, el laburo informal o por temporada- es un elemento de siempre. Y es en el territorio, en los barrios, donde ese sujeto social tiene posibilidades de organizarse y dar pelea, de reclamar su lugar en la estructura de produccion, de expresarse y desnaturalizar su situación de exclusión
Así que nosotros caracterizamos que había un sujeto sobre el cual desarrollar un proyecto de organización popular, buscar un protagonismo en la lucha y creo que el movimiento piquetero fue eso en sus mejores momentos. La discusion sobre la composición de la clase trabajadora sigue estando, no negamos ni hacemos una lectura posmoderna sobre el sujeto, pero está complejizado.
Obviamente en nuestros talleres de formación politica asumimos y estudiamos lo que creemos que debe ser un análisis clasista de la sociedad. Leemos que hay un conjunto de clases trabajadoras, populares o subalternas, como queramos llamarlo, que no responden a los esquemas o dogmatismos de la izquierda tradicional. Y no nos enojamos con Marx ni con Lenin, todo lo contrario, ellos leyeron sus épocas en su momento y en todo caso a nosotros nos toca leer la nuestra.
La composicion social en nuestro país y sobre la que tenemos que actuar, el reconocimiento de una clase trabajadora que también se expresa en nuestros barrios y que tambien esta armando cooperativas de trabajo, todo eso da una realidad que leemos desde un marco de referencias ideológicas con las que analizamos la sociedad pero tratando de que no sea dogmático y que no responda de manera rígida a moldes preestablecidos.
No creemos que no existe más la clase trabajadora tal cual se la definió, al contrario, para parar el país hay que parar el transporte, las fábricas y el Estado, y definitivamente ahí está una clase trabajadora que sigue teniendo un peso estratégico y numérico determinante. Ojalá en lugar de lo que referencia hoy Moyano para la clase trabajadora hubiera un mayor nivel de autoorganización, con mayor protagonismo de dirigencias clasistas y combativas que apunten hacia un proyecto auténticamente popular, es una gran falencia. Un movimiento como el nuestro, el FPDS, tiene como profunda falencia propia no contar con un mayor desarrollo en las instancias de organización de la clase trabajadora formal y sindicalizada.

-Más allá de las carencias presupuestarias y sus aspectos criticables en lo formal, la Escuela Pública es valorada y defendida por amplios sectores de la población. Desde ciertas ópticas podría cuestionarse la formación de bachilleratos populares por afuera de la estructura estatal como una variante de precarización educativa, en lugar luchar por mejorar la infraestructura y ampliar la oferta pedagógica en la educación pública ¿Existe esta discusión en tu movimiento?
-Recuerdo que en el inicio de la conformación del movimiento de desocupados, había compañeros que con mucha buena voluntad y honestidad nos decían “no armen movimientos de desocupados, reclamen a los sindicatos que para eso están, ustedes deben tener algunos oficios y es allí donde…”. Nosotros caracterizamos que había que hacer algo nuevo, primero porque éramos recelosos de lo que expresaban las estructuras sindicales, a fines de los noventa estamos hablando. Creímos y creemos que hay que darse la libertad de generar experiencias que no estén viciadas de las viejas formas burocráticas y verticalistas, tanto en lo que tiene que ver con lo sindical como en lo que hace al Estado. En particular con los bachis aquí en Chingolo es así, no hay educación para adultos, el Estado no llega, y pensamos “podemos hacer dos años de movilizaciones con los vecinos o podemos hacer un bachillerato y empezar a generar algo”.
Qué hacemos después respecto al Estado es la pregunta, y ahí no tenemos una concepción autonomista en el sentido de aislarse del resto de las relaciones y estructuras sociales y estatales que nuestro pueblo valora y utiliza, en particular en la educación. Cuando vimos que en algunas empresas recuperadas aprovechaban parte de las instalaciones para hacer bachilleratos no tuvimos ninguna duda en hacerlo. Se logró es que haya un reconocimiento oficial, los vecinos que estudian acá terminan tercer año con un título otorgado por el Estado. Y el paso en el que se está ahora es en el reclamo por las condiciones salariales de los docentes que dan clases en los bachis. Algunos docentes que hacen mucho esfuerzo en su actividad gremial y sindical nos han transmitido algunas críticas, tratamos de avanzar en tener la mejor interacción entre lo que es el trabajo docente en el marco de la Escuela Pública estatal y estas experiencias. Sí hacemos la crítica a una estructura jerárquica, vertical, hasta mercantilista de la educación. Lo que se intenta desde los bachilleratos es empezar desde otro lado, desde la concepción de la educación popular, la idea de la pareja pedagógica, replantear el sistema de evaluación, criterios de aprobación, todo un conjunto que implica un nuevo desafío y problematiza desde un costadito a la educación pública.

-La lucha por justicia en el asesinato de Darío y Maxi fue dura y la investigación no llegó a las instancias que eran reclamadas, lo mismo sucedió con la ejecución pública de Carlos Fuentealba. En el reciente caso de Mariano Ferreyra la reacción desde la justicia y el propio gobierno fue distinta, ¿cómo leen ese cambio?
-El hecho de la detencion de José Pedraza es una grata noticia, aún con la duda de cuánto tiempo esté detenido y cómo se lo va a llevar a juicio. Hace ocho años a nosotros, más allá de que la peleamos a muerte, nos quedaban dudas de si simplemente los policías iban a terminar con perpetua. Finalmente así fue, pero fueron 40 días de acampe en los Tribunales de Lomas, un juicio interminable, una serie de movilizaciones permanente mes a mes. Un comisario general, como Fanchiotti, nunca había tenido perpetua por un crimen político durante una represión popular en la calle. Hay una maduración y una fuerza distinta de las organizaciones respecto al horizonte de los reclamos por justicia en los crímenes contra los luchadores populares. Nosotros insistíamos con investigar a Duhalde y nos decían “bueno…, ya está, nadie quiere investigar a Duhalde”. Creo que hay un acumulado de conciencia popular hoy que exige que se investigue a Pedraza.

-Siguen manteniendo su neutralidad en los procesos electorales, otras organizaciones, que mantenían la misma postura, se están incorporando a distintos frentes con vistas a las elecciones de 2011, ¿Por qué mantienen esta posición en tu movimiento y cómo leen las posibilidades de cambio o profundización de políticas de gobierno que puedan venir de las urnas?
-El MTD de Lanús surge un par de años antes del 2001, en aquel contexto era claro que el movimiento acumulaba fuerza con una política de confrontación con una partidocracia subordinada a un modelo neoliberal. Había una crisis de legitimidad muy marcada que claramente nos ponía por fuera de cualquier lógica electoral. El 19 y 20 vino a amplificar una lectura nuestra, el “Que Se Vayan Todos” fue recibido con agrado, nos pareció muy bueno el debate social que se generó, que un poco se cerró de manera incipiente y no maduró. La democracia directa, el cuestionamiento a la delegación de poder absoluta que marca claramente la Constitución Nacional con la frase “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. Hay que cuestionar la representación como única modalidad de la participación política. Las asambleas son una constante en los barrios, en los lugares de laburo, concebimos una sociedad más constituida en un modelo de democracia y participación directas, basado en esas estructuras en donde los vecinos y los trabajadores las desarrollan cotidianamente.
El kirchnerismo ha elegido dar ciertas batallas que le volvieron a dar sentido a la pelea política institucional, contra algunas corporaciones mediáticas, contra sectores patronales y financieros poderosos como sucedió con “la 125” y las AFJP. De la misma forma, sostiene un modelo extractivo-exportador que se basa en el beneficio de otras grandes corporaciones como la Barrick Gold, Respsol, el modelo minero y sojero. Debido a esta opción de confrontar con algunos sectores de la burguesía pero apoyarse en el fortalecimiento de otros igual de nocivos para el pueblo es que no caracterizamos a los gobiernos kirchneristas como “populares”. En otro plano, la Asignación Universal por Hijo, la extensión de las jubilaciones o los propios planes de viviendas o trabajo que antes mencionábamos, son buenas políticas, en particular las de carácter universal como la Asignación por Hijo que durante tantos años las organizaciones populares reclamamos. Pero la implementación, sobre todo de los planes de trabajo, nos encontramos con el reforzamiento de estrucuras políticas de control y neutralización social a través de punteros y no de aliento a la organización democrática, con precarización laboral y pactos con los intendentes en vez de derechos laborales y reconocimiento de las experiencias de base.
Ahora, la pregunta es qué pasa con las luchas populares para que esto no sea así, y sobre todo qué pasa que no surge un proyecto político popular que se proponga como alternativa, por izquierda y desde abajo, a la propuesta kirchnerista. Vemos que hay un proceso de acumulación de fuerzas que hoy por hoy no está maduro, nos parece que todavía hace falta más organización popular que…..hoy por hoy no vemos maduro, nos parece que todavía hace falta más organización popular que genere una fuerza donde debe estar la garantía o el contrapeso de lo que se propone en términos electorales. Seguimos creyendo que los procesos no pasan por la superestructura política. De hecho esta reforma de la ley electoral restrictiva refuerza el esquema de bipartidismo, donde no nos interesa poner demasiados esfuerzos.
Si viéramos que hay una correlación de fuerzas distinta, o que surge un proyecto que aunque no sea centralmente el nuestro, de algunas expresiones con peso y con arraigo sindical o popular que en el plano de la lucha política nos expresara, miraríamos con más interés. Con algunos procesos electorales se puede acumular fuerzas, hay experiencias como en Venezuela o en Bolivia donde se ve algo de eso. En síntesis, no es por una cuestión de principios que descartamos la participación electoral, sí debe ser a partir de un proceso que sirva para organizarnos como pueblo y se puede generar un cambio un cambio social.
Ahora, al igual que en elecciones anteriories, como no es un debate cerrado existe libertad de acción en cuanto al voto, y en la coyuntura actual no hay mucho más que decir que no votemos a quienes van a cagarnos la vida, que no votemos a quienes expresan claramente las políticas represivas o de ajuste, de lo que hegemonizó la política de los noventa, y hacer algún tipo de guiño genérico a las expresiones populares o de izquierda, por ahí va más o menos lo que estamos hablando en el Frente.

Publicado en Underground #1 edición impresa, otoño 2011

VIDEO Entrevista a Pablo Solana. Cámara José Luis Meirás, Edición: Carolina Milli (incluye contenidos no volcados en la versión texto) from  Revista Underground on Vimeo.

Deja un comentario

*