Thursday 22nd June 2017,

Respondemos al editorial de La Nación que pide terminar con las “mentiras de los 70”: no es venganza, es justicia

La mesa editora de La Nación ahora no se guarda nada. El 23 de noviembre de 2015, tan solo un día después del acto electoral, intentó revivir viejas teorías que parecían olvidadas: los dos demonios, la justificación de la violencia estatal, la estigmatización de la juventud setentista. No, no es venganza, es justicia.

En el editorial del diario La Nación, al otro día del triunfo electoral, desde una verdad que se arroga completud, se pide no más venganza, con hambre y sed de venganza… Y se produce allí el desplazamiento de llamar venganza a la justicia, al tiempo que una versión de la historia se erige en poder explicador e inventa como interlocutora a una sociedad que no entiende lo sucedido en los 70.
Laten en esa escritura discusiones aún no saldadas sobre el uso de la violencia revolucionaria para liberarse de la violencia que instala el sistema.
Insisten, con esas palabras, en la teoría de los dos demonios, de la guerra sucia y justa para que el pueblo viva derecho y humano.
Vociferan entre esas letras aquellas formas que tantas veces fueron capaces de arrogarse: el poder de enderezar la patria, de extirpar el cáncer del terrorismo. Esas voces que moralizan la violencia aunque la ejercen en nombre de dios, del dios verde que devoró y devora inocentes. El dios de la triple A que asesinó a balazos por la espalda al cura Mugica, a las monjas francesas, a los curas palotinos, al monseñor Angelelli y a lxs 30.000. El dios narco que pide más y más anestesiando sensibilidades políticas con helados regalados y globos de colores.
«Las ansias de venganzas deben quedar sepultadas de una vez y para siempre», dice en palabras vengativas.
«Hay que terminar con las mentiras de los años 70 (…) hechos tamizados por la izquierda ideológicamente comprometida con los grupos terroristas», escribe mientras pone la bandera francesa de perfil en Facebook, después de mirar “Policías en acción”, al tiempo que se queja del ruido molesto de algún gatillo fácil metropolitano.
«Una izquierda verbosa, de verdadera configuración fascista antes y ahora que se apoderó desde comienzos del gobierno de los Kirchner del aparato propagandístico oficial», dice desde el monopolio histórico de los multimedios. Dice desde el fascismo y la arrogancia del dios verde de la gramática que entretiene y lava conciencias, buscando reinstalar que la verdad completa debe enseñar, de memoria y sin analizar, que en los 70 se trató de un proceso para reorganizar la nación desordenada y violenta, y no de una dictadura cívico-militar que instaló un plan sistemático de desaparición, tortura, exterminio, apropiación y robo en nombre del imperialismo. Imperialismo que cooptó también a quien bautizó de maravillosa a una juventud que se fue de la plaza.
Y como tantas otras veces, el fantasma del caos de la anarquía necesita de políticas que pongan las cosas en su lugar.
Un lugar para pocos, confortable, preferentemente en dólares y privado. Privado de una sensibilidad política que sepa alojar lo otro, privado de justicia social y de igualdad de oportunidades. Privado de una lógica de ampliación de derechos. Porque el derecho es el mercado. Mercado con urgencia por resolver «el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos» de lesa humanidad.
Y que Bergoglio aporte, como dice el editorial, o que los eunucos bufen…

Verónica Scardamaglia

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