Punta Querandíes: Negocios bajo el agua

Foto: Pablo Badano

Por Pablo Badano

Los pueblos indígenas que habitaban Buenos Aires defendieron su territorio de manera aguerrida y digna hasta la victoria. También conocieron la derrota, tuvieron que abandonar sus tierras y juraron volver algún día para saldar las cuentas pendientes. Su causa se despierta hoy a partir de los conflictos con las desarrolladoras de barrios náuticos en el conurbano. Aunque los ancestros nunca se fueron, solo hay que aprender a sentirlos y reconocerlos.

La historia que teje el presente
Hasta la conquista europea la zona norte del Gran Buenos Aires era una zona de intercambio entre diversos pueblos indígenas como los Querandíes, Chaná Timbú y Guaraníes. En 1536, estos pueblos o naciones como son nombrados en las Crónicas, hicieron una confederación de miles de guerreros (23.000 según algunos autores) y unidos derrotaron heroicamente a los invasores en uno de los acontecimientos históricos más silenciados de la Argentina. En esta época muere en manos de los indígenas el capitán Pedro de Luján, que hoy da nombre al río Luján; también hubo un cerco y un ataque con flechas incendiarias contra el puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire, el nombre de la primera fundación de Buenos Aires.
Juan de Garay fundó Buenos Aires por segunda vez en 1580 y en esta oportunidad las naciones indígenas fueron lentamente barridas de la zona cercana al pueblo de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora de los Buenos Aires. Lo más probable es que, más allá de las matanzas de indígenas que hubo en manos de los conquistadores (por ejemplo, el nombre del distrito de La Matanza tiene su origen en una matanza de Querandíes), los indígenas hayan optado por replegarse tierra adentro, más lejos de los dominios de los europeos, y resistir desde allí.
“Que va a ser de nosotros sin el río”, dice hoy Ramón, y el eco de su voz retumba enérgico a través del Canal Villanueva. Este curso de agua, ubicado entre Ingeniero Maschwitz (Escobar) y Dique Luján (Tigre), es testigo de un conflicto que enfrenta a una desarrolladora de barrios privados náuticos con vecinos, ambientalistas y militantes indígenas. Sucede que la explosión de mega emprendimientos de countries en la zona norte de Buenos Aires se apropió de una decena de miles de hectáreas de humedales y tierras públicas que eran de uso común para la población, impactando negativamente sobre los vecinos preexistentes al generar mayores inundaciones. Y destruyendo y urbanizando sobre los sitios arqueológicos indígenas, muchos con enterratorios milenarios.
Un lugar para vivir
Ramón y su familia, oriundos del pueblo misionero de Calendaria, viven en la ciudad escobarense de Del Viso y disfrutan desde hace añares de la costa del Canal Villanueva en el paraje rural Punta Canal. De allí sacan suburí, taruchas, bogas, dorados. El lugar tiene buena fama en la zona, salen buenos pescados, es gratuito y tranquilo. Además es nada menos que uno de los últimos espacios públicos con acceso al agua en el norte de Tigre y sur de Escobar.
El Canal Villanueva es también foco de uno de los megaemprendimientos de barrios cerrados más importantes del Gran Buenos Aires, con 850 hectáreas de extensión: el complejo Villa Nueva, desarollado por la firma EIDICO, ligada al Opus Dei, cuyo primer complejo, el country Santa Catalina, se construyó en el 2000 sobre un enterratorio indígena conocido por los arqueólogos como sitio Garín. Avanzando sobre el territorio, también se cortó la calle Brasil, que atraviesa el paraje Punta Canal, y luego se adueñaron del “camino de la vía muerta” el cual fue vendido por el Organismo Nacional de Bienes (ONABE) dejando aislados a algunos vecinos que ya no podían ingresar con vehículo a sus viviendas. Hoy existe un puente vehícular instalado de forma precaria, para cruzar el arroyo Garín que atraviesa la calle Brasil, los vecinos lo cruzan con sus autos aunque tiene un cartel de “puente peatonal” del Municipio de Tigre. Todas prácticas similares a las de las demás grandes urbanizaciones cerradas de la zona norte, estilo Nordelta.
Todo sucedía con impunidad y silencio hasta que a mediados de la última década dos vecinos de Ingeniero Maschwitz comenzaron a dar la voz de alerta. Graciela Satalic y Dante Farías -un joven qom originario de El Impenetrable chaqueño- se ocuparon de charlar con organizaciones indígenas del Gran Buenos Aires para avisarles que los cementerios indígenas estaban siendo arrasados y que existían lugares que aún se podían salvar.
Punta Canal puede parecer un paraje perdido del conurbano profundo, pero está en la cúspide del proceso civilizatorio inmobiliario que conquista los humedales y sus poblaciones. A principios de siglo perteneció a la estancia Los Arenales, del político conservador Benito Villanueva, quien fue presidente provisional del Senado durante la gestión de Hipólito Yrigoyen. Hoy es codiciado por Jorge O’Reilly, un influyente empresario que fue asesor de Sergio Massa en la Jefatura de Gabinete de la Nación entre el 2008 y 2009, y hoy es presidente de EIDICO. Tan cercano es al actual intendente de Tigre, que en su casa se hizo aquella famosa reunión con la Embajadora de los Estados Unidos donde Massa, según Wikileaks, lanzó graves agravios sobre el ex presidente Nestor Kirchner.
“Asesor del Gobierno Nacional arrasa con cementerios indígenas”, fue uno de los primeros títulos en los medios alternativos que movieron el avispero, a fines de 2008. “Tumbas sagradas en barrios VIP”, fue tapa del Diario Crónica en abril del pasado año cuando ya era una realidad el campamento de protesta montado por el Movimiento en Defensa de la Pacha, fundado para defender el sitio arqueológico Punta Querandí y el espacio público en el fondo de Punta Canal.

La estrategia por el territorio
Desde el 19 de febrero de 2010 el MDP sostiene un campamento sobre la calle Brasil y el Canal Villanueva, con el cual logró frenar el avance de la empresa constructora.
Obtuvieron el apoyo de sectores políticos locales, provinciales y nacionales, la adhesión del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Instituto Nacional Contra la Discriminación (INADI) y de la Defensoría del Pueblo de la Nación. Este último organismo pidió en noviembre de 2010 a los Municipios de Zárate, Campana, Escobar, Tigre y San Fernando que no habiliten ningún otro emprendimiento privado sobre humedales.
“Es un lugar que vale la pena ser luchado y disfrutado, un lugar de unión como hace mil años”, dicen dos jóvenes oriundos de pagos lejanos que conocieron Punta Canal a partir de esta problemática. Ambos se quedaron a vivir en el paraje y vigilan Punta Querandí desde una antigua citroneta del 80’ con logo de ENTEL, que parece haber vuelto para pelear contra las privatizaciones de la era kirchnerista.
Semana a semana van arribando al campamento vecinos de la zona que aportan sus vivencias acerca del ferrocarril que pasaba por el lugar, con el cual se forjaron los pueblos de la zona. También algunos pobladores de antaño. “Mi padre siempre nos dijo que esto era un cementerio indio”, dice Raquel Matto, hija de Edgardo Matto, el casero de las tierras donde hoy se asienta el barrio privado Santa Catalina.
Gracias a la lucha del Movimiento en Defensa de la Pacha, el lugar sigue siendo no sólo un parador popular sino también un lugar de ofrenda para los pueblos originarios y todo un fenómeno educativo. Directivos, docentes y alumnos de distintos niveles han realizado actividades en Punta Querandí durante el 2010. El 5 de marzo, trabajadores de la educación de toda el área metropolitana se juntaron en el campamento para debatir un proyecto educativo que contemple visitar al lugar y desarrollar en las escuelas la temática de los pueblos originarios, los humedales y la disgregación social provocada por los countries. Las causas pendientes de a poco se toman su revancha.

Publicado en Underground #1 edición impresa, otoño 2011

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