Oda, videodanza en el Sarmiento: “Los patrones sociales y la violencia se inscriben en los cuerpos”

A 18 meses, proyección de Oda en Once, 22 de agosto de 2013. Foto: Soledad Vela

Por Myrna Cappiello

Ese vagón está cargado de simbolismo, lleno de rostros e imágenes cotidianas. Ella baila, lo explora, lo recorre, lo transita. Se puede oír su respiración. Profunda. Sofocada. Ella trata de entender qué pasa en ese tren. El ruido del material rodante sobre las vías, las voces de los vendedores ambulantes, se combinan con la música que acompaña los movimientos. Distintos estadios emocionales expresados en la danza, en el mensaje del cuerpo como también en el mensaje del rostro. Eso es Oda. El recorrido de un personaje que podría ser cualquiera de esos laburantes anónimos, hombres y mujeres, que viajaban en la formación que se estrelló contra los paragolpes de la cabecera del andén 2 de la estación de Once.

Una búsqueda que se aleja de lugares comunes, de formas estandarizadas, del conocido cine militante. Que apela a la videodanza para trasmitir las vibraciones de ese fatídico día de verano, ese miércoles 22 de febrero de 2012, en el que Argentina amanecía estremecida. A  las 8:33, se producía el choque ferroviario en la línea Sarmiento, por el que 52 personas perdían la vida y más de 700 resultaban heridas, con secuelas que aún hoy son difíciles de superar. “La situación era tan trágica que no hacía falta agregar más nada. Solo reflejar lo que trasmiten los cuerpos, porque hay algo político que se inscribe en ellos, están codificados por la cultura y la violencia que vivimos”, revela la bailarina de Oda, Julie Cristal, integrante -además- del equipo de producción y dirección de danza del cortometraje, junto a  María Belén Arena y Denise Fantini.

Backstage de filmación de Oda. Foto: Bruno Basile

Desesperación, angustia, locura. Las imágenes y las fotos -en las que aparecían los hierros retorcidos, los cuerpos encimados y mutilados- fueron la base de la composición coreográfica armada de forma colectiva, en un intento de traducir aquel instante, tomar sus enunciados y resignificarlos, para darle sentido en nueva narrativa. La elección del género -según cuenta Charo Venegas Calderón, directora del film- tuvo que ver con el estudio que venía realizando acerca del lenguaje corporal en relación al lenguaje de la cámara, junto a Elis Wen, realizadora y miembro del equipo, en colaboración con las tres integrantes del área de danza. “Esa búsqueda terminó de madurar en este proyecto: surgió el recorrido de un personaje, y luego punteamos estadios emocionales plasmados en los movimientos”. No había visto nada hasta el momento -confiesa- que pueda ser referencia directa al corto.

En el mundo del Sarmiento, cada día cerca de 300 mil personas juntan coraje para sobrevivir a la odisea de viajar en tren para llegar a sus lugares de trabajo o estudio. En cada asiento, una historia: el tipo de overol, el pibe, la señora, la nena, los chicos. Todas las mañanas miles de víctimas silenciosas -de las que no se habla ni se conoce-, no tienen otra opción más que deambular por los trenes que se convirtieron en pesadilla, en formaciones atestadas de gente, con puertas que no cierran, ventanas rotas, frecuencias incumplidas, falta de controles dentro de los vagones y denuncias siempre desoídas. “Oda no hace alusión solo a la masacre de Once, sino a la situación de todo el sistema ferroviario en Argentina”, asevera la realizadora.

Backstage de filmación de Oda. Foto: Bruno Basile

“Nosotros no pudimos elegir tener a nuestros familiares con vida, pero sí elegimos denunciar la corrupción”, sentenciaba Paolo Menghini, padre de una de las víctimas, en el acto central que se realizó a 18 meses de aquel día fatal, en el hall de la estación de Once, en donde Oda fue proyectado. Luego de ganar el premio AECID Latinoamérica en cortos, en el Jameson Notodofilmfest, en España, el corto resultó ganador en la competencia Mejor cortometraje latinoamericano, en el Festival Internacional de Oberá, por el que pasa a competir en Trieste, Italia. En el mes de agosto, compitió en el Festival Internacional de Cortometrajes ImageneSociales, que se realizó en La Rioja, y en septiembre, se exhibió en Buenos Aires, en el marco del Festival Internacional de Videodanza, que se realizó en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

En medio de los hierros, el fuego, un viejo tren, las vías gastadas y una pequeña bandera argentina como escenario de fondo, ella intenta escapar, huye a bailar a la plataforma: esa es la secuencia en la que Oda, cerca del final, deja un sabor a melancolía, crea un clima de nostalgia –con aire de tango- por la historia de ese abandono conocido. La historia de lo postergado.

Foto: Bruno Basile

“El arte permite desnaturalizar cosas que están completamente naturalizadas”, opina Venegas Calderón, que encontró su manera poética de debatir, no sólo sobre el sistema ferroviario argentino sino acerca de una realidad abisal que por distintas razones, en muchas ocasiones, parece volverse habitual e inevitable aunque no lo sea. “Se trata de conmovernos y salir de la resignación y la aceptación de la verdad que a cada uno, ´supuestamente´, le toca vivir”, señala la realizadora, que hace recordar con sus palabras al poeta alemán Bertolt Brecht, que sostenía: “Observar los sucesos, mirar con sorpresa y curiosidad, sin dar por sabido o conocido nada, para captar aquello que se daba por supuesto y tomarlo como una absoluta novedad. Poner en discusión lo establecido, que muestra una realidad intocable, no susceptible de cambios”.

Es la intérprete ese personaje fugaz, extrapolado, de contorciones y desplazamientos contemporáneos -que se funden con la música y los planos-, la que desde lo inherente a su disciplina, reflexiona: “Los cuerpos también están coartados por ciertos patrones culturales, ellos acumulan las experiencias de automatización de la vida cotidiana, con gestos y movimientos socialmente aceptados”. Y concluye: “La danza permite, con su capacidad de vuelo y creación, reflejar esas formas que, en general, son negadas o desconocidas en nuestra cotidianeidad, y deja encontrar o explorar un universo mucho más vasto de posibilidades de conmovernos”.

Gráfica por Lu Arcodile

 

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