Thursday 22nd June 2017,

Mis amigos tienen miedo

Por Indira Montoya

Milagro Sala sigue presa por un acampe. Unos gendarmes en Buenos Aires entraron a un barrio buscando un auto robado y balearon a niños de tres, cinco, ocho años que estaban ensayando para una murga. La directora de Radio Nacional despide gente con un criterio sorprendente: les mira el twitter. Las paritarias están perdiendo su punch: 25% de tope y los dirigentes gremiales se están tomando un trago en alguna playa. Mis amigos tienen miedo. Hay listas negras y sus nombres aparecen. Mis amigos trabajan y estudian pero eso no importa. De a poco el temor se vuelve un hábito: miedo a perder el trabajo, a quedar en la calle, a no poder pagar la comida, el alquiler. En un mes y medio, los derechos adquiridos por décadas pierden contundencia frente al desempleo y a la suba indiscriminada de tarifas y precios. El miedo ocupa hoy el lugar del deseo, del proyecto, del futuro, de casi todo. Personas que dicen ser buena gente señalan a otros como ñoquis. Son ñoquis, ni personas, ni números, ni trabajadores. Así, cualquiera que sea despedido en los próximos tiempos no solo pierde su trabajo, el sustento y todo lo que esto acarrea, sino que carga con la sospecha y el estigma de ser un corrupto. Cualquier idea, cualquier oposición a este proceso de vaciamiento es acusada de fanatismo, somos, según el ministro de Economía, la grasa militante, es decir, la grasa, lo que es feo, sobra, está de más, enferma, es asqueroso. Y puestos ahí nos quedamos sin voz. Decir lo que sea, no importa qué tan bien lo digas, es refutado con la acusación directa: sos un fanático ciego. El actual presidente hace limpiezas energéticas en su oficina y sube fotos familiares que construyen en este imaginario empobrecido la idea del tipo bueno y bien que todos debemos ser y esconde la ideología que sustenta su política: el enriquecimiento ilimitado de los poderosos. Los medios de comunicación le han cerrado las puertas a todo lo que no sea favorable al gobierno. La probabilidad de que el almacenero escuche o vea cualquier cosa que no favorezca estas políticas era baja y ahora es prácticamente nula. Hablamos de resistir pero en privado nos preguntamos cómo, cuánto, hasta dónde, cuántos somos. Sabemos que no nos leen. Muchos me han eliminado porque les cansa la política o los aburre. Yo no voy hace tiempo a los bares porque no puedo evitar mirar a mi alrededor y pensar que el 70% de esas personas votaron esta violencia. Milagro Sala sigue presa por un acampe, por algo que no es un delito, por causas que le han armado para que sea un ejemplo: así terminan los que quieren otra cosa, los que consiguen derechos para los que no los tienen. Es un mensaje para todos, así terminan los que se oponen, los que no acuerdan, los que no aceptan la explotación y la exclusión. Estoy esperando que los que votaron a Macri pensando en un país mejor (porque seguro que los hay) pidan por la liberación de Milagro Sala. Mientras esto no suceda, no nos queda otra que pensar que lejos de querer transparencia y una vida mejor, lo que querían y quieren y sostienen es el sufrimiento de los más débiles.

esta nota fue publicada el 4 de febrero de 2016 en Esferacomun.com.ar

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