Martín Sabbatella: “Las sociedades más seguras son las que dan respuesta a un montón de otros temas”

Foto: sub.coop

Por Laura Rosso

No fuma porro pero aprueba, cocina para la familia y acompaña a su hija en su primer día de clase. Contrariando asesores se pone el paraguas para una foto under. Fórmulas para la convivencia territorial y las claves del neokircherismo. Por la colectora se va lento pero seguro y más barato.

No resulta difícil imaginarse a Martín Sabbatella con su morral estampado con las figuras de Evita y el Che colgado al hombro entrando a la sede de la Federación Juvenil Comunista de Morón donde militó entre 1986 y 1989. Atrás habían quedado los primeros años de militancia cuando, con la apertura democrática, participó activamente de la creación de la Federación de Estudiantes Secundarios en Morón. Y más atrás aun, -casi un lejano recuerdo de su infancia- las charlas en la casa familiar entre un padre y una madre de tradición peronista, donde la política y la historia de nuestro país eran tema cotidiano de conversación.

Fue en el Frente del Pueblo donde Sabbatella dio sus primeros pasos en política. Un espacio en el que encontró una síntesis que unía sectores del peronismo y sectores de la izquierda. Allí conoció a los pibes de la “Fede”, amigos, compañeros y militantes con los que compartió tardes de largas discusiones entre mate y mate. Años más tarde –ya con una mirada crítica sobre cómo la izquierda clásica y tradicional pensaba los procesos nacionales y el valor de la democracia-, su rumbo lo llevó a juntarse con el Grupo de los Ocho primero, y con el Frente Grande, después. “Todas experiencias de militancia muy ricas, tanto en el secundario como en la ‘Fede’. Experiencias de mucho debate y mucho aprendizaje que son parte de la historia y forman lo que hoy está acá sentado”, declara distendido y cordial detrás de su escritorio el candidato a Gobernador de la provincia de Buenos Aires por Nuevo Encuentro, fuerza que lidera. Por eso, marcar un antes y un después en su vida de militante parece poco probable.

Sabbatella proviene de una familia de cuatro hermanos (dos mujeres y dos varones) donde la política “fue y es parte de la vida de todos; con más o menos intensidad en términos de las otras actividades que tiene cada uno. Todos estamos atravesados por la política, mis padres y mis tres hermanos. El debate siempre estuvo presente; ayer y hoy”. Y en ese recorrido militante, casi desde el vamos, está también Mónica, su compañera desde hace veinte años y junto con quien se convirtió en padre muy joven, a los 22 años.

Lunes por la mañana, un día bastante particular para la familia Sabbatella. La agenda quedará suspendida a las cinco de la tarde, hora en que Camila, su hija de dieciocho años, saldrá de su primera clase de la carrera de Trabajo Social en la Facultad de Filosofía y Letras, allí en Puán. Un café con leche los encontrará reunidos en algún barcito de la cuadra para escuchar sus comentarios. Luego de pasar por estas cuestiones familiares que lo tienen muy entusiasmado, la charla toma el camino premeditado para que Martín Sabbatella hable sobre otros temas.

Como punto de partida resulta interesante escuchar –más de diez años después de aquel 1999- cómo logró convertirse en un intendente tan joven y desde un espacio que se estaba gestando y, sobre todo, asumir un municipio como el de Morón, paradigma de la corrupción menemista en la provincia de Buenos Aires. “Cuando asumimos tuvimos ocho meses de conflicto permanente. Pero nuestra decisión fue enfrentar esas bandas cuasi mafiosas o mafiosas enquistadas en la estructura del Estado, actuando con una lógica de redes de corrupción y con patotas que respondían a Rousselot, un personaje además asociado a la Triple A en los 70. Ellos intentaron recuperar, muchas veces vía violencia lo que habían perdido en las urnas. En esos meses hubo momentos de mucha tensión. Logramos resistir por un lado, por el profundo componente militante y, por el otro, porque el diálogo con la sociedad hizo que la comunidad acompañe. El principal motivo por el cual pudimos vencer todo eso tuvo que ver con una sociedad que se dio cuenta de que había otros caminos, que se podía vencer la cultura de la resignación, que la política podía ser de otra manera… Y le puso el cuerpo también. Hubo una sociedad que acompañó y que logró que esos grupos mafiosos queden cada vez más aislados y cada vez más visibles. Fue un triunfo político muy fuerte en ese sentido, y la militancia fue el motor del dialogo con la sociedad. Un canal de comunicación permanente en los barrios, con los vecinos y vecinas rindiendo cuentas de lo que estaba pasando, e invitándolos a ser protagonistas de un proceso de cambio que quería dejar atrás una etapa muy oscura de Morón.”

-Tenés una mirada positiva de lo que viene ocurriendo en nuestro país desde el 2003, adherís al modelo K, pero ¿qué aspectos criticás y cuáles profundizarías?

Yo creo que hay un rumbo importante que se inauguró en la Argentina en el 2003, que tiene que ver con haber dejado atrás el paradigma de los ´90. En realidad el modelo del ´76 inaugurado por la dictadura genocida y que luego el menemismo profundizó durante la democracia. El corte con los paradigmas neoliberales se da a partir del 2003. Ese es un dato importantísimo. Ese rumbo genera políticas concretas: asignación universal por hijo, recuperación de las jubilaciones, desendeudamiento, el impulso de los juicios a los genocidas, la profundización de las políticas de integración regional en un momento histórico de la región -con un contexto inimaginable hace diez años- con gobiernos democráticos y populares cada vez más parecidos a sus pueblos que construyen democracias profundas y buscan llenarlas de contenido social. Entonces, hay un rumbo extraordinario que recupera la política como herramienta capaz de transformar, de correr las fronteras de lo posible. Nosotros nos sentimos parte de ese camino, pero también tenemos algunas críticas y temas que nos parece que están pendientes. En términos de lo que hay que seguir profundizando, nosotros queremos construir una democracia que no deje a nadie a la intemperie, por lo tanto hay que profundizar políticas distributivas, y terminar de construir definitivamente una nueva matriz más justa de crecimiento con equidad. Es decir que la defensa del rumbo es por lo que se hizo y por lo que falta hacer. Es por este camino y no por el otro que se va a lograr incorporar lo que esta pendiente.

¿Críticas?

Uno de los temas que nosotros siempre discutimos es que a veces sentimos que no hay relación entre la profundidad de las transformaciones políticas y sociales planteadas en términos de la agenda pública nacional, con la construcción política. Los debates nacionales que inaugura el propio kirchnerismo no tienen relación directa con las construcciones políticas provinciales, municipales y con el nacimiento de fuerzas políticas más acorde a estos debates que ellos mismos inauguraron. Seguramente eso también es un proceso, pero está pendiente.

¿Dónde radica el problema?

Me parece que la Argentina tiene el desafío -al calor de este proceso político- de dar nacimiento a una nueva fuerza política y social que va ser hija de los movimientos nacionales y populares de la Argentina y de distintas tradiciones que se van encontrando, e hija también del kirchnerismo en el sentido de lo que el kirchnerismo ha producido en la Argentina, y que necesita nacer para sostener con convicción lo que está pasando para poder profundizar.

¿Percibís una falta de sintonía entre la estructura del PJ en la provincia de Buenos Aires y la Nación?

Yo creo que está bien que un proyecto político trate de sumar el conjunto de apoyo que pueda. Lo que hay que tener presente es cómo se va construyendo una fuerza política donde se comparte el mismo núcleo de ideas. Porque la relación de la conveniencia dura hasta que a uno no lo conviene más. Y eso puede ser muy riesgoso. Me parece bien que Scioli acompañe a la Presidenta porque quiero que Cristina haga la mejor elección. Ahora, yo creo que Scioli pertenece a un universo de ideas más conservadoras -que en términos de categorías universales puede denominarse como centroderecha. Es una perspectiva muy distinta a la nuestra y eso hace que sus lecturas, sus diagnósticos y sus respuestas partan de una matriz de pensamiento distinta a la nuestra. Por eso pertenecemos a fuerzas políticas distintas. Por eso tenemos candidatos distintos. Coincidimos en la re elección de Cristina, pero eso no nos hace oficialistas en la provincia de Buenos Aires, como tampoco a Scioli lo hace oficialista en Morón, donde él es opositor. Por eso creo que hay que aprovechar este proceso político extraordinario para no perder la oportunidad de que también produzca transformaciones en la propia estructura política y permita dar este nacimiento. Nosotros creemos que el proceso de transformación nacional no está en sintonía con muchas provincias.

¿Por ejemplo?

El matrimonio igualitario ha sido una medida importantísima en lo que hace a equiparación de derechos, y esa ley la empujó personalmente Néstor Kirchner. Nosotros tenemos el orgullo de tener en nuestro bloque a Vilma Ibarra, autora del proyecto, pero somos concientes de que si no hubiese existido el fuerte compromiso de Néstor Kirchner hubiese sido muy difícil que salga. Él militó personalmente para que salga, y al mismo tiempo en Salta el gobernador Urtubey hace un reconocimiento a los diputados y diputadas que votaron en contra. Entonces, digo, hay una contradicción ahí. O el gobierno nacional plantea como un tema central, la no represión de las protestas sociales (que nosotros compartimos) y el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, se jacta de que su policía actuó bien cuando terminó con la vida de los compatriotas tobas en la ruta. O, el gobierno nacional crea el Ministerio de Seguridad para jerarquizar las políticas públicas en materia de seguridad, desde una perspectiva de seguridad democrática, con una Ministra como Nilda Garré, y en la provincia de Buenos Aires se va para atrás y se centra el tema en el manodurismo, en la demagogia punitiva, y en un discurso efectista y mediático, y construye la idea de que la inseguridad se resuelve endureciendo las penas. Y a su vez, vuelve a esta suerte de autogobierno policial que tiene consecuencias negativas y muchas veces su accionar es más grave que lo que venían a arreglar, como lo fueron los fusilamientos de José León Suárez. Entonces muchas veces vemos que el rumbo nacional no se expresa del mismo modo en las provincias y municipios.

¿Cómo planteás el tema de la seguridad-(in)seguridad?

Es muy importante el Acuerdo de Seguridad Democrática que se firmó, y que justamente dice que hay que hacerse cargo de la problemática de la inseguridad desde una perspectiva democrática. Esto es, enfrentar el discurso efectista de demagogia punitiva que intenta convencer a la sociedad que la manera de resolver la problemática de la inseguridad es endurecer las penas, cuando en realidad eso no tiene resultados concretos. La policía es solo una parte del tema porque la seguridad tiene que ver con un abordaje más integral. Las sociedades más seguras son las que dan respuesta a un montón de otros temas. Porque estar seguro significa estar seguro de que no te roben, seguro de tener salud, seguro de tener educación, trabajo, vivienda, jubilación y futuro. Esas son las sociedades más seguras, las que incluyen, las que no expulsan gente. La idea de la inclusión social es central a la hora de abordar este tema. Por supuesto que hay una parte también asociada a la policía, que tiene que trabajar en la prevención y represión del delito. Ahora lo cierto es que eso tiene que hacerse dentro del marco del estado de derecho y de una policía que tenga una concepción democrática. En ese sentido, hay que avanzar en la reforma policial. En la provincia de Buenos Aires se volvió para atrás, se hizo una suerte de contra reforma, y se le entregó de vuelta el gobierno de la seguridad a la policía. Necesitamos una policía que tenga mejor capacitación, mayores recursos, mejores salarios, y su vez necesitamos también depurar la fuerza policial porque hay una parte de la policía que tiene nichos de corrupción asociados al delito o a la corrupción política. Por lo tanto, la renovación política también hace a la seguridad para poder enfrentar esos nichos de corrupción policial y política asociados al delito.

¿Cómo se puede avanzar sobre esto?

A través de los foros de seguridad y los mecanismos de participación ciudadana. Yo creo que tiene que haber control civil, control político y también control social vinculado a los mecanismos de participación comunitaria. Pero el eje tiene que ser una sociedad que incluye. Por eso digo que necesitamos esa reforma policial y para eso, un gobierno que conduzca políticamente la problemática de la inseguridad. Ocurre hoy que cuando la policía actúa en sectores populares que han estigmatizado, produce consecuencias –insisto con esto- muchísimo más negativas que las propias cosas que viene a resolver. Salió en todos lados que se utilizan chicos con problemas con la justicia para mandarlos a robar, y cuando se resisten a esto los desaparecen o los fusilan, como el caso de Luciano Arruga, que es una herida en nuestra democracia.

Sobre la posibilidad de que se discuta finalmente la ley de legalización del aborto ¿cuánto creés que falta?

Nosotros hemos presentado un proyecto, por supuesto que estoy de acuerdo y creo que es absolutamente necesario. Y creo que va a llegar el debate, la sociedad está debatiendo este tema en muchos lugares, creo que hay una gran hipocresía en muchos sectores desde donde se intenta frenarlo. Yo creo que es una de las leyes que más urgentemente necesitamos porque  inmediatamente después de ser sancionada y aprobada, va a salvar vidas. Hay pocas leyes que desde el momento de empezar a actuar salvan vidas, ésta es una de ellas. Los abortos clandestinos son una de las causas más importantes de muerte en las mujeres. La situación de aborto ya es conflictiva, no deseada y difícil de por sí; más aún si la empujás a la clandestinidad. Para hacerlo bien sencillo, esta es una ley que permitiría que las mujeres de los sectores populares hagan  lo mismo que las mujeres de los otros sectores, con la diferencia de no morirse.

¿Y la Ley de Identidad de Género?

También. Eso seguiría equiparando derechos, permitiendo que todos y todas podamos vivir mejor. Un derecho tan básico, urgente y necesario como el derecho a la identidad, una identidad que tiene que ver con la decisión de cada uno y de cada una. Son pasos que me parece sumamente importante poder darlos. 

Es sabido que en el conurbano –como en el resto del país- abundan los prostíbulos. El año pasado en Santa Rosa, La Pampa, se anuló una ordenanza que permitía las “whiskerías”. Una medida bastante simple que permitiría sacar de una situación de encierro y explotación a muchas mujeres.

Es una situación que requiere un fuerte compromiso de todos y todas, y de los gobiernos locales, provinciales, nacionales. Hay que seguir trabajando contra esto: concientizar, visibilizarlo lo más posible, dar debates, hacer campañas y ponernos codo a codo a enfrentarlo. Y no solo tiene que ver con las normas sino con la decisión política de enfrentarlo, que nos atraviesa como tema a resolver. Son debates culturales que hay que dar porque son años y años de cultura machista, patriarcal, para poder revertir cosas que están naturalizadas. Hay que hacer campañas donde se cuestione esto: la cultura machista y patriarcal que naturaliza el hecho de ir a un lugar y pagar. Hay campañas muy interesantes en las que se visibiliza a quienes van. Hay que articular el trabajo con la justicia y con la sociedad. 

¿Qué pensás de la legalización de la marihuana para uso personal?

Yo estoy de acuerdo con eso, no me parece mal, pero siempre tengo esta duda en los sectores más populares, o en los sectores más castigados que son los más perjudicados por esto. Me parece que hay que separar bien las cosas. Hay drogas que no solo hay que prohibirlas sino que hay que enfrentarlas, como el paco, que es veneno y está destruyéndonos a los pibes, los mata.

¿Fumaste alguna vez?

¿Vos sabés que no? Nadie me cree eso, pero no. Siempre tuve esta cosa del cuidado del cuerpo, del temor a ver que pasa. 

¿Qué te parece lo que se hizo en Vicente López con la construcción del vial costero que arrasó con una zona pública que era utilizada como paseo por los vecinos?

A mí me parece que está mal. Se ha priorizado el negocio en vez de plantear el cuidado de un espacio público que garantizaba el acceso de la población. La idea de la planificación de la ciudad, del urbanismo tiene que tener un fuerte contenido de inclusión social para que el espacio público pueda ser utilizado por todos y todas. 

Una lógica parecida se está aplicando en la Ciudad de Buenos Aires ¿Qué opinás?

-En el uso del suelo también se establece una perspectiva de ciudad. Si el ordenamiento de la ciudad está hecho a través de una perspectiva de negocios, o desde una perspectiva de la rentabilidad del suelo, o si está hecho desde una perspectiva que permita construir una ciudad para todos y todas y para democratizar el espacio público. Esto parece una cosa conceptual o teórica pero después se expresa en la vida cotidiana, tanto desde el punto de vista de la protección del ambiente como de la democratización de los espacios públicos. En una ciudad hay que articular los distintos intereses porque conviven intereses distintos. Están los constructores, que quieren construir en todos lados, los vecinos que seguramente no quieren que se construya en todos lados, los comerciantes que quieren que se construya para que haya más gente y vender más. Entonces la idea es ver cómo se construye una ciudad en la que el interés general esté por encima del interés particular. 

La política ambiental es tal vez uno de los flancos tal vez más criticables del gobierno nacional. Sobre la Ley de Glaciares, ¿qué pensás?

Repudiamos el veto a la ley de glaciares, porque votamos la ley y esperamos que se reglamente. Y no tiene que ver con creer que no tiene que haber producción minera sino que tiene que haber una producción minera que proteja el ambiente. Estamos en contra de la explotación a cielo abierto, de que no se proteja el agua, entendiendo que el agua es un bien social a proteger porque es un recurso de todos y de todas. En esto sí tenemos diferencias y volvemos a lo que hablábamos al principio, de la construcción política sobre distintas realidades provinciales que este proceso político no las interpeló a tal punto para ponerlas en crisis y construir otras, sino que se sostiene sobre esas. Y esas construcciones políticas hace que se tengan que “bancar” realidades provinciales que van a contramano de lo que este proceso político está demandando. Y eso es un problema. Digo está bien comerse algún sapo pero no tantos como salir saltando. Yo lo interpreto más como un marco de alianzas políticas, pero no lo justifico. 

¿Qué hacés en tu tiempo libre?

Tengo poco tiempo libre. A mí me gusta muchísimo lo que hago pero me gusta también llegar a mi casa y compartir momentos con mi familia. Cuando tengo tiempo leo, cada tanto salgo a correr, o juego al tenis, aunque lo tendría que hacer más regularmente. Me gusta muchísimo juntarme con amigos, ver alguna película. Y me encanta cocinar, me desconecta. Puedo hacer pastas con salsas o amasar pizzas, me gusta cocinar con lo que haya e intentar que salga algo más o menos rico. Por eso, en casa, cuando estamos los tres, la pregunta “¿qué comemos?”, es a mí.

 

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