Jorge Crowe: “Todo comienza por un gusto de desarmar cosas”

Foto: sub.coop

Por Pablo Boido

Adentrarse en el mundo que propone Jorge Crowe es aceptar una invitación a sumergirse en un espacio multifácetico, lleno de aristas; pero donde uno no pierde la sensación de encontrarse  dentro de un hábitat definido, cuidado hasta en sus últimos detalles. Esto se puede comprobar en su actual  taller localizado en el barrio porteño del Abasto, en un recoveco de una casona de más de cien años. Uno de las primeros datos de la vida de Jorge es que no es oriundo de esta ciudad, sino que como él nos comenta dio varias vueltas antes de terminar en el 2006 en Buenos Aires. Su ciudad natal es Tunuyán, al sur de Mendoza. Lejos de ver al distrito de la capital como un espacio con connotaciones negativas nos señala que felizmente uno puede encontrarse con un montón de gente haciendo cosas. Además de que ha sido cautivado -algo que lo sorprendió en sus primeras días- por la cantidad de objetos que se pueden recolectar en las calles. Parte de estos objetos se encuentran apilados en su taller, desplegados en varios tablones donde conviven con cajas de herramientas, circuitos electrónicos, cables, muchos más cables y partes de juguetes. Lo encontramos en pleno ensayo, delante de una gran mesa que reúne mixers de audio, también de video y una cantidad difícil de contabilizar de muñecos además -nuevamente- de más juguetes. En esta singular mesa concentra su principal herramienta de trabajo donde una vez puesto en acción puede transformar todo en música y video en vivo. Este material es el que presenta luego en vivo y es uno de los ejes de su producción actual, donde se lo puede ver manipulando los objetos que él alteró incluyéndole entre otras cosas cámaras y también amplificación para generar un audiovisual nuevo, loopeado y sampleado, pero sin ningún tipo de software de por medio, sólo sus manos en los botenes.

Mi primera pregunta, al ver todos estos materiales reciclados en un contexto donde la tecnología esta hoy asociada a la novedad marcada por un consumo cuasi frenético, es: ¿que significado tiene para vos la tecnología con la que trabajas? ¿Hay algún aspecto filosófico o político en esta búsqueda?, es decir ¿por qué elegir este tipo de tecnologías?. “Hay un trasfondo micropolítico, pero no fue lo inicial, todo comienza por un gusto de desarmar cosas que viene de la infancia y por recolectar cosas, soy bastante ciruja, desde chico junto tornillos, tuercas, boletos de colectivo, naipes, tengo vocación de recolector de cosas. Es un impulso un poco irracional, que uno no termina de explicar del todo, después cuando me fui metiendo en el conocimiento tecnológico me fue surgiendo la necesidad de pararme en un lugar y  ser cociente de mis actos, y como repercuten de alguna manera, no me es indistinto de que modo uso la tecnología, y también como la produzco. Ahí comenzó un camino progresivo que me hizo elegir las tecnologías abiertas, me llevo a migrar de sistema operativo, y por empezar a difundir tecnologías abiertas. En el 2008 abro un espacio que se llama El Laboratorio del Juguete que actualmente sigue funcionando, que en un principio trabajo yo como docente, y convoque a otros docentes a enseñar tecnologías abiertas, y a enseñar electrónica, a compartir los circuitos, controladores open source. Y amigos a enseñar software libre. Y ese es tal vez un espacio político entendido desde otro lugar, no en detrimento  de las herramientas privativas y cerradas sino en mostrar otra opción y que cada uno elija libremente cual usar, que cada uno lo haga a conciencia. Ya que a la hora de usar tu dispositivo,  puede ser perjudicial para vos y para otros”.

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Si bien su primera área de formación son las plásticas, actualmente se ha orientado a la tecnología aplicada a los procesos creativos y trabaja principalmente de docente, dando clases a chicos y grandes. Su producción es realizada principalmente con electrónica analógica, tecnología obsoleta o bajas tecnologías. Todos dispositivos de bajo costo, que luego son modificados para aplicarlos a la educación, al arte o aún más importante para cualquier persona que quiera construir sus propios objetos.

Otra de las particularidades que fuimos descubriendo al conocerlo fue la cantidad de espacios por los cuales circula él y sus producciones, espacios aparentemente opuestos. Por nombrar algunos; las fiestas Sintomática, el encuentro Fábrica de fallas, además de Panorámica de Fundación Telefónica, el Medialab del C.C.E.B.A. y finalmente (para hacer una lista breve) una ponencia para docentes de diferentes partes del país y latino américa (que lo aplaudieron de pie al finalizar su exposición) en el primer encuentro Internacional de Juegos y Juguetes organizado por F.L.A.C.S.O. Este fue un puntapié para concretar el encuentro, y una de las preguntas que ya teníamos agendada. Además de una inocultable admiración sobre la facilidad con la cual se expresaba en esos ámbitos tan diversos, toda una novedad, era posible hablar de los mismos temas de interés con diferentes públicos. En cuanto a las  diferentes convocatorias, cuenta: “si bien empece en el espacio del arte, me fui corriendo porque era muy limitante. Siempre que me convocan estoy muy agradecido. Después me gusta mucho hablar, no digo nada que no pienso, e intento hacer más lo que digo, en ese camino voy. Cuando me pongo un poco solemne prendo mis juguetes e intento conectar desde otro lado, eso me permite también conectar rápidamente con chicos y con grandes por igual, lo hice en fiestas trasnochadísimas y también a la mañana en espacios para chicos. Me parece que hay algo en la acción que imprime algo más poderoso que el discurso. A mi me inspiraron más las acciones de otros que las palabras de otros, toda la vida. Y lo que yo quisiera, si es posible, si no es una pretensión demasiado grande es poder inspirar a otras personas mediante lo que hago más que con lo que digo.”

Foto: sub.coop

La recepción que tienen sus presentaciones siempre movilizan, conectándonos con lo lúdico y obligándonos a dejar por un momento ciertos juicios apresurados sobre lo que estamos viendo, este resultado es parte de una estrategia construida pacientemente. Como él comenta: “el juguete abre una puerta, saco un Godzilla que tiene  ojos rojos, un gatito que toca la batería y un autito que mueve botones, como mínimo te vas a reír, a lo sumo te puede parecer ridículo, pero la ridiculez es un espacio que me cabe. Y eso creo que baja cualquier intención de intelectualizar las cosas. Entonces si les da curiosidad, si se divierten, si después quieren venir a ver como funcionan las cosas, después si da para hablar un poco y generar un poco de conciencia y sino creo que eso genero la curiosidad, a un niño por ejemplo de desarmar y armar sus cosas. Mi objetivo por ahí un poco grande y pretencioso es crear usuarios y productores críticos de la tecnología. Lo que viene es un nuevo paradigma donde las personas van a fabricar en formato semi industrial dispositivos a baja escala en sus casas, esto es un hecho y se va hacer masivo y es un cambio, es una tercera revolución industrial que todavía no tenemos cuenta el alcance que va tener, cuanto yo más me prepare para ese proceso de cambio y cuanto más ayude a otros para que se preparen, mejor. Yo soy muy optimista en los tiempos que vienen”. Un optimismo que se sustenta en el compartir, en la confirmación de que a pesar de todas las restricciones siguen creciendo más y más espacios, para Jorge no sé trata de cuanto público puedas juntar, “si cincuenta personas están yendo a verte, es genial, en una ciudad donde hay cientos de cosas para ver. Es un momento de encuentro, de improvisar juntos”. Y así es que uno puede encontrarse con su actual propuesta donde muestra su propio set sonoro musical. Uno de los propósito de sus presentaciones en vivo, es justificar un experimento personal donde pueda corroborar que tan lejos se puede llegar con aparatos sonoros construidos en casa.

Sobre su visión del futuro, por momentos mantiene sus reservas, apuesta a que haya políticas de Estado más concretas, una medida que nos menciona es el paso urgente a sistemas operativos abiertos en todas las dependencias del Estado. En esto es claro, no puede ser que en la escuela se estén enseñando software privativos, no alcanza con repartir computadoras. Si bien se enorgullece de ver muchos espacios creativos funcionando a nivel gubernamental -como las nuevas señales infantiles y otros programas del Ministerio de Educación- no podemos dejar de pensar que si la política actual solo propone ensamblar celulares en Tierra del Fuego, estamos lejos de poder construir conocimiento y tecnología propia a nivel local. Le pregunto para cerrar ¿algunas otras medidas posibles? Son muchas -responde- pero resalto una: enseñar electrónica básica en todas las escuelas para que podamos controlar y crear nuevos dispositivos tecnológicos que ya están a nuestro alcance pero no siempre bajo nuestro control.

Y en este momento lentamente, Jorge retoma su posición delante de los controladores y arrancan los sonidos, dándole vida a todos los juguetes que lo rodean en su enorme tablero.

Diseño tipográfico de título: Superabundans Haut, Imprenta de tipos móviles.

 

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