El Giro Gráfico

Por Ana Longoni

Dentro de la masiva exposición “Pinta la revolución” en el Palacio de Bellas Artes de México, entre cientos de obras de artistas mexicanos realizadas desde 1910 a 1950, con nombres tan conocidos como Siqueiros, Rivera, Orozco (y también Frida Kalho), lo que más me conmovió fueron dos pequeños volantes hechos en linóleo en 1938 (pleno ascenso del fascismo) de los mucho menos conocidos Leopoldo Méndez y José Chávez Morado. Están dirigidos a maestros, seguramente en medio de un conflicto gremial. Me interpelaron por su carácter defensivo: estrategias de supervivencia ante la represión, la hostilidad y el aislamiento.Estos dos documentos me remitieron a nuestra coyuntura, a la represión que estamos viviendo a docentes, a estudiantes, a murgas, a manteros, a mujeres movilizadas, a trabajadores protestando. ¿Cómo quebrar el cerco mediático (“la calumnia que envenena y rompe tus relaciones con el pueblo”)? ¿Se puede entablar un diálogo con “los ignorantes azuzados por los ricos” que son finalmente “tu comunidad”: los votantes de Trump que claman por construir el muro que los “proteja” de los migrantes sudacas, los brasileños que tomaron las calles clamando por el derrocamiento de Dilma, los argentinos que consideran un acto de defensa de la democracia inscribirse como voluntarios para romper una huelga docente, etc., etc.?
No son “los nuestros”, pero no podemos dejar de pensar cómo interpelarlos, socavar sus certezas, exponer otros argumentos, defendernos de la horda dispuesta a ajusticiarnos.
La confianza que los volantes mexicanos tienen en la propaganda gráfica hoy puede parecernos ingenua, y sin embargo es una vía, a la que han recurrido muchas veces los artistas en momentos de urgencia histórica: llamémoslo “el giro gráfico”, dejar de hacer obras convencionales, abandonar los circuitos de legitimación del arte, para volcarse a producir intervenciones masivas y callejeras.

Melina Alexia Varnavoglou

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