Diego Lublinsky: Dejar que el otro hable

Foto: sub.coop

Por José Luis Meirás

Hace casi 20 años Diego Lublinsky iniciaba una rica e intensa producción audiovisual junto a Fabián Polosecki. Aquello que empezó en 1992 como un “bloque movilero” de Rebelde Sin Pausa, emisión nocturna conducida por Roberto Petinatto, tomó impulso propio y salió al aire un año más tarde en ATC-Canal 7, bajo el nombre de El Otro Lado. El extraño formato semanal no sólo se prolongó dos ciclos anuales, además ganó tres inesperados premios Martín Fierro, y luego, con algunas variantes, siguió un año más con el nombre de El Visitante.
El Otro Lado y El Visitante fueron la oveja negra de un desvirtuado canal estatal, dirigido por Gerardo Sofovich en plena era menemista. Y a la vez eran los que le generaban picos de audiencia. La zaga de tres temporadas y más de 70 capítulos unitarios significó, ya fue dicho, una renovación del formato periodístico televisivo: un híbrido entre el género documental y una investigación sociocultural no premeditada, con algunos fotogramas de ficción.
Fabián Polosecki puso fin a su vida en 1996, poco más de un año después de su última salida al aire por la tv abierta, dejando una gran ausencia así como un inevitable mito. También una obra concreta que es referencia para varias generaciones de comunicadores y creadores audiovisuales.
Diego Lublinsky fue director de muchos de esos capítulos, donde Polo salía a la calle a encontrar personajes para sus historias. Primero encarnando a un periodista fracasado que se había vuelto guionista de historietas -El Otro Lado-, y luego como un padeciente del “Síndrome de Grouch o síndrome del visitante inoportuno” -El Visitante-, esos disparadores sirvieron para realizar una vasta serie de programas temáticos. Basados en entrevistas que en su conjunto conforman una panorámica de época.
Hace algunos años, a partir de la demanda constante que llegaba a su casa, Viviana Gallardo, ex esposa de Fabián, pidió ayuda a Diego Lublinsky para poner a disposición ese material, tarea que le era difícil abordar y que al mismo tiempo sentía necesaria. Entre otras cosas también se trataba de organizar la abundante cantidad de cintas en bruto, aquello que había sido grabado y nunca salió al aire.
Ese retorno sobre el trabajo del que había sido partícipe y gestador, volver a mirar entrevistas, recordar momentos y luego preguntarse qué habría pasado con cada persona que hablaba en la pantalla, llevó a Lublinsky a concebir un nuevo ciclo. Sintió que aquello que veía podía volver a dar algo nuevo. Eso que había pasado hace casi dos décadas podía actualizarse y echar luz sobre el presente.
Esto es lo que sucede en el avance de 20 Años Luz, el ciclo que en breve saldrá por canal Encuentro. Diego Lublinsky vuelve a una esquina de Quilmes a buscar a los mismos chicos que dos décadas atrás protagonizaron el unitario titulado simplemente “Niños” en la serie El Otro Lado. Allí Polo se proponía un regreso al Territorio de la infancia, según sus propias palabras en off. Iba a una esquina de barrio donde paraba un grupo de pibitos, luego en la orilla quilmeña del río tendrá un interesante diálogo con uno de ellos sobre la vieja práctica de comerse los mocos. Lublinsky regresa a aquella esquina, llama en algunas casas, finalmente aparece Fede, el de los mocos, ya con más de 25 años de edad, que se encarga un poco de volver a reunir a aquellos pibes ya adultos. Van apareciendo, se juntan a reírse y mirarse en el programa, se regresa de nuevo al territorio de la niñez. “Pasaron casi veinte años y a mí me interesa centrarme en lo luminoso de lo que fueron El Otro Lado y El Visitante, para mí fueron 4 años de trabajo colectivo y no fueron para nada años sombríos, precisamente por eso la palabra luz en el título. Por ahora sólo volvimos sobre dos programas, el de Niños y el del Carnaval, y fue muy bueno. En general se acordaban mucho y nos recibieron muy bien. Fede, uno de los chicos que encontramos fue casa por casa y diciendo “¿te acordás de aquel programa?, volvieron a la esquina, ¡están locos!, volvieron de nuevo porque nos quieren ver ahora”. Es esa la reacción que vimos hasta ahora, seguramente van a aparecer otras”.
Si bien la cara visible y el influjo indiscutido en aquella producción fue Fabián Polosecki, el equipo de producción tuvo muchos integrantes, distribuidos hasta en tres unidades de trabajo paralelo: “A lo largo de los ciclos fuimos tres los directores, Nacho Garassino, Daniel Laszlo y yo. La cámara y la iluminación fue realizada siempre por Claudio Beiza. Cuando pensé en hacer 20 Años Luz lo primero que hice fue llamarlo a Beiza y contarle el proyecto. También lo llamé a Nacho. A Dani Laszlo lamentablemente no lo pude llamar, ya que murió hace dos años. El Negro Beiza me dijo que le encantaba la idea pero que no se veía trabajando en eso. Con Garassino lo mismo, le conté la idea y me dijo “todo bien, dale para adelante”.
“Lo que rescato es haber participado de un grupo que generó un producto con ciertas particularidades. Fabián llamó a gente que él valoraba del periodismo gráfico, se rodeó de gente bastante talentosa en cuanto a los investigadores periodísticos: Ricardo Ragendorfer, Agustín Salem, Marcelo Birmajer, Daniel De Luca, Ariel Barlaro, Irene Bais, Pablo Reyero… En aquel momento cada investigador periodístico tenía un mes por tema y debía conseguir 4, 5 ó 6 entrevistados para cada programa…” “Ibamos a buscar una respuesta que no conocíamos, y hasta que no nos encontrábamos con algo no parábamos”.
“A veces había que hablar mucho de bueyes perdidos para que algo aflore en una entrevista, en otras tomar bastante alcohol (risas). No es algo natural que una persona tenga un micrófono y lo acerque, la vida no es así. No íbamos a buscar tal o cual cosa, no decíamos “fulanito de tal me va a hablar de su apego al barrio, etc.” “Si Polo lo tenía en la cabeza no lo decía. Recuerdo cuando fue el casting para aquel micro dentro de Rebelde Sin Pausa, Fabián entrevistó al portero de un prostíbulo y lo que hizo fue callarse y dejar que el otro hable, por eso ganó.”
Como con todo personaje de culto, Polosecki cuenta con seguidores que desde una genuina admiración suelen erigirse en custodios rígidos de un legado. Por otra parte, dada su reconocida cualidad de entrevistador es arriesgado intentar repetir los mismos encuentros. Lublinsky se aleja de religiosidades y de comparaciones.
“Esa disputa sobre la supuesta copia de formatos no me interesa. Quizás me vean y digan, ´mirá un nuevo Gastón Pauls´, porque se vió más Ser Urbano que El Otro Lado. La verdad que no me importa. Tampoco me sentí ofendido porque otro se haya inspirado o imitado lo que hicimos. No me voy a erguir en propietario del formato, ni creo que el haber participado de su creación me habilita a usarlo más que a otros. Sí considero que estoy retomando un trabajo que hice en el pasado, que no fue sólo mío ni de Polo, donde también estuvieron Laszlo, Garassino, Beiza y toda una cantidad de gente que participó de ese movimiento”.
“Yo no puedo analizar el programa desde afuera, como si no hubiera participado, lo que sí puedo buscar es que esté el espíritu con el que lo hacíamos. Seguramente yo no tengo la capacidad de Fabián como entrevistador, pero sí tengo la escuela de haber estado cuatro años con él. Tendré falencias pero en definitiva no me importa, Polo no era un conductor de televisión, ni tampoco era un periodista en el sentido clásico, cuando se puso a entrevistar delante de una cámara se reveló una habilidad. Una cosa que tenía de buena el programa era que la gente hablaba y mientras iba hablando descubría cosas que no había pensado sobre sí misma. Con Fabián nos preguntábamos porqué la gente nos contaba algunas cosas y me decía que sería bueno volver años después y ver qué pasaba, quizás hablaba de 3 o 4 años y no de 18 o 20”.
“No me interesa una mirada nostálgica. Fabián ya no está y eso se ve, pero no es lo que buscamos como elemento. Están casi todas las grabaciones en bruto de los programas, entonces van a aparecer otras tomas, con un Polo más jodón, entrevistados cagándose de risa con él… cosas que por un tema de formato en aquél momento descartábamos en la edición. Para todos nosotros no fue una época oscura, sino totalmente luminosa, enriquecedora. En algunos capítulos de 20 Años Luz apelaremos a material del backstage o de escenas distendidas que en aquel momento no salieron, no estamos atados a poner exactamente lo que salió al aire y eso da una perspectiva nueva y luminosa.”

Publicada en la edición impresa de Otoño 2011

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