¿Cómo se nombran las muertes evitables? Jornada cultural por Luciano Arruga a 7 años de su desaparición

El 30 de enero pasado y en la plaza que lleva su nombre, organizaciones de derechos humanos, familiares y amigxs de Luciano se juntaron en una jornada cultural envuelta de dolor y lucha, ¿hasta cuándo la aniquilación de los jóvenes será una política de Estado? ¿Cómo se nombran las muertes evitables?

Por Verónica Scardamaglia 

Aún con los ñoquis tibios, otros cuerpos se arrimaron bajo los árboles en una tarde de calor allá lejos de la concentración de los poderes, en una plaza olvidada de un barrio olvidado que ha sabido y sabe transformarse en escenario de muertes evitables.
Muertes como golpe real y no como amenaza de inseguridad mediática contra la que este gobierno «ha triunfado». La lista de muertes puede resultar infinita:
Un novio de 13 años por efectos de la gripe. Una tuberculosis sin atender. Una ambulancia que no llegó a un abuelo de 50 años. Cromañón. Demasiado gatillo fácil. El paco. La injusticia por mano propia. Un bebé que cayó de un tercer piso. Una golpiza machista con olor a alcohol. Un suicidio de 15 años. Una madre y una sobredosis. Un accidente de auto en la puerta de una escuela. Una confusión narco que ajusta cuentas en un cuerpo-joven-abierto-volquete-escuela. El frío. Un incendio. Otro mensaje narco clavado en la reja de otra escuela. Una patología cardíaca desclasada. Un tornado. Un secuestromuerte por las redes de trata. Otra confusión narco que se desangró en un patio de los monoblocks de un barrio. Un chico caído en un pozo-cloaca y otra ambulancia que no entró en otro barrio.
¿Cómo se nombran las muertes evitables?
¿Cómo se llevan esos duelos cuando, además del peso insoportable de la muerte, la injusticia arrasa?
¿Cómo soporta un cuerpo tanto dolor, tanto desgarro, tanta rabia?
Uno de mis maestros suele decir que hace falta un cuerpo colectivo para alojar tanto dolor. Ese ha sido uno de los aprendizajes que han dejado las rondas de las Madres de Plaza de Mayo, rondas que acunan la locura de la muerte injusta. Rondas que hacen que circule la palabra, que se acompañen los cuerpos, que otros y otras estén allí solo por estar, para caminar el dolor y la injusticia. La digna rabia.

Ayer 30 de enero los familiares y amigxs de Luciano Arruga convocaron a otra jornada cultural por los Derechos Humanos porque saben, porque sabemos, que las políticas de aniquilación de jóvenes pobres seguirán siendo políticas de Estado. Porque saben, porque sabemos, que la violencia institucional se seguirá descargando sobre cuerpos que recién están por asomar a pensarse futuro. Porque saben y sabemos que son vidas que no llegan ni siquiera a ser llamadas ñoquis porque una bala las encuentra a 30 centímetros de la nuca. Porque saben y sabemos que hacer del dolor una jornada cultural es un modo de vencer aunque sea un poquitito y por un rato tanta muerte.


Casi como feria de barrio, mesitas partidarias y de agrupaciones con consignas, banderas y volantes rodeaban el espontáneo anfiteatro arbolado que servía de centro para que los paneles con invitadxs y organizadorxs se desplegara. La jornada cultural supo esquivar protagonismos individualistas bajo una sombra amable que permitía llevar el calor y la densidad, mientras algunos mates y choris ayudaban a no atragantarse de lágrimas. ¿Será que los barrios que saben de mates y choris no saben de vedetismos progres?
Por  varias horas durante la tarde se escuchó decir: «Borraron las pruebas», «el abogado nos boludeó y casi cierran la causa», «la necesidad de ser parte de la comisión investigadora para investigar a los que investigaban», «mi hijo tenía todo el futuro por delante», «el testigo estaba comprado», «no tenemos plata para pagar un perito», «no dábamos más», «me enfermé de cáncer», «me amenazaron y casi pierdo otro hijo». Una y otra y otra vez las mismas palabras volvían a ser dichas. Casi igualitas en el dolor y la rabia. Unas tras otras en sus remeras con fotos estampadas pidiendo justicia pero desde distintas bocas, de distintos barrios, distintas provincias Río Negro, Neuquén, Jujuy, Catamarca, Santa Fe, Quilmes, Capital…
Cuando ciertos enunciados se repiten, ya no se trata simplemente de cuestiones personales, de problemas individuales o familiares, son formas de gobierno, decisiones políticas de hacer vivir y dejar morir. Políticas de Estado. Y contra eso, organización y lucha. Acompañamiento y resistencia. Fuerza parida por el dolor.
Las Madres de Fierro, como las presentaron, también estaban allí, arrugaditas y erguidas con sus pañuelos calzados, acompañando. Estando donde tiene que estar.

Testimonios nerviosos, angustiados, desgarradores que sorpresivamente se abrían al grito conmovedor y desde las entrañas de Atahualpa presente. Zamora, Castillo, Pitrola perdidos entre la gente. La hermana del Pocho Leprati pidiendo cárcel para Reuteman, amparado en sus nuevos fueros como legislador recientemente electo por el PRO.Reiterados y sentidos agradecimientos para la inmensa Vanesa Orieta, que ha hermanado a los familiares de Luciano con tantos familiares de tantas otras víctimas.Lamentablemente fue necesario aclarar varias veces: «Compañeros de los puestos, hagamos silencio que el sonido que conseguimos a pulmón no es bueno y lo más importante es escuchar a los familiares de las víctimas, por favor». Vicios de algunas izquierdas que confunden dónde está lo importante.Y bulleron los aplausos.

esta nota fue publicada el 1ro de febrero de 2016 en Esferacomun.com.ar

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