Beto Pianelli: “Ser boludo trae mala suerte”

Foto: Sub.coop

Por José Luis Meirás

No es difícil encontrar a Roberto Pianelli, pero sí es complicado lograr que por un breve lapso algún compañero no se acerque a consultarle algo o tenga que atender el teléfono móvil, que suena más seguido que el paso de trenes en cualquier línea del subte. Underground tuvo una larga entrevista con Beto Pianelli en su oficina del nuevo local de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), también conocida como Sindicato del Subte o Metrodelegados, hace pocos días finalizó la huelga más larga en la historia del subte porteño, un conflicto laboral con importante presencia mediática pero también más complejo de entender que de solucionar.
La intención es charlar más allá de la coyuntura del conflicto que se desarrolla ciudad abajo, hablar un poco de la historia personal del secretario general de una de las formaciones sindicales más activas y representativas de los últimos tiempos, y también hablar de lo que viene.

¿Cuántos años tenés y de qué barrio sos?

Tengo 46 años, nací en una clínica en Palermo en el año ´66. No me considero de ningún barrio en especial, viví en Flores, pero en realidad me crié en Boedo. A partir de los 17 años deambulé por los cien barrios porteños, típico de alguien de una familia sin propiedades. Viví también por Villa Urquiza Caballito, Almagro, el Centro, San Telmo, San Cristóbal, La Boca, me considero porteño, diría, más que de algún barrio.

¿Era un ambiente politizado el de tu familia?

– No, no había un nivel de politización importante. Mi vieja fue trabajadora del gremio del calzado. Mi viejo protesista dental, de la época en que los protesistas hacían un curso, rendían un examen y les daban la matrícula, trabajó mucho tiempo en el Hospital Churruca y también por su cuenta, siempre tratando de crear algún otro tipo de ingreso, fue taxista, tuvo florería, heladería, kiosco, las más disímiles cosas para intentar tener una casa y todo lo que eso representaba.

También sos hincha de Boca, ¿vas a la cancha?

– Fui siempre a la cancha, sí. Dejé de ir un poco cuando el jefe de gobierno porteño era el presidente de Boca e hizo esa campaña horrible con Carlos Bilardo, a partir de ahí me enojé. Volví para algún que otro partido excepcional, pero dejé de ir. Mi mamá es socia fanática de Boca y tenía platea, entonces yo desde muy muy chico, de meses, ya iba a la cancha y después de grande seguía con mis amigos. Pero desde hace diez años voy muy de vez en cuando.

¿Y cómo fueron tu adolescencia y la secundaria?

– Yo entré a la secundaria en la dictadura, año ´79. Hice ´79 y ´80, dejé y volví a estudiar después de la apertura democrática. Aparte de la cancha, siempre estuve muy cercano al rock. Cuando vivía en Flores, a los 14 o 15 años tenía unos amigos que armaron un grupo, una banda under de ese momento que se llamaba Mr. Magoo.
Después fue lo de ir a los recitales de la época de la dictadura, que eran una aventura. Me acuerdo de haber ido a ver el recital de la revista Pan Caliente, con los Redonditos de Ricota cuando recién empezaban y tocaban más blues, ese recital fue en Excursionistas y casi terminamos todos en cana. Después vino Malvinas y ya se hizo muy masivo, pero hasta ese momento era bastante under el ambiente del rock.
Al final de la dictadura me involucré con la política, en el año 1982, a partir de una realidad que se da después de la guerra de Malvinas. Volví a la secundaria en el ´84, ya era militante del MAS (Movimiento al Socialismo), “el gran partido de la izquierda en los ochentas”. En el Colegio Nacional Nº 2 fui durante dos años presidente del centro de estudiantes y dos años vice, estuve en la Federación de Estudiantes Secundarios en la primera conformación después de la dictadura.

¿Qué significó la militancia en el MAS para vos?

– A mí me marcó a fuego, mi ingreso a la política y mi formación fue ahí. Milité desde el año 1982 hasta 1994. Eso me formó políticamente. Si lo miro desde ahora soy bastante crítico de muchas cosas, pero con el diario del lunes todos pueden hablar del partido del domingo. En ese momento fue muy intenso y me ayudó a conocer el mundo, mucha gente, la realidad de la política internacional, cosas esenciales.

¿Y cuáles eran los lugares de escape, tus vacaciones o viajes?

– Mi generación tuvo mucha influencia de Brasil. No se si era por el tipo de cambio, porque el cambio a veces era favorable y a veces desfavorable, pero muchos fuimos varias veces allá. El ambiente musical influyó mucho, el rock paulista o de Porto Alegre, la gente de la Tropicalia, la mezcla con la bossa o con otros ritmos, músicos que siempre fueron atentos al rock y a lo popular. Gilberto Gil, Caetano Veloso, Chico Buarque.
La dictadura en Brasil tuvo otras características, algunas libertades populares no fueron cercenadas, el carnaval no puede ser cercenado, entonces era preferible ir a Brasil que acá a la costa. Tenías carnaval, tenías algunas otras cosas y había muchas más libertades que en Buenos Aires. Entonces todos habíamos escapado en algún momento a Brasil y medio que nos enamoraba. A Río o Sao Paulo, a Salvador también. En Río paré en un albergue de los estudiantes en Botafogo, frente a la bahía. En esa casa se fundó el PT en Río. La gente que conocíamos eran todos petistas, de la corriente internacional del MAS que había ayudado a fundar el PT. En esa época el PT no era la organización más importante de centroizquierda en Brasil. En Río gobernaba Brizola del Partido Demócratico Trabalhista, con quien polemizaba Lula desde Sao Paulo.
Hace dos años atrás viaje a una conferencia sindical en Estados Unidos, estaba en Detroit y me encontré con un dirigente de los bancarios brasilero de Conlutas y le contaba “sí, porque yo paré en Sao Paulo, en la casa de un compañero, por Ipiranga, a dos cuadras del Museo de Ipiranga”, y el tipo me dice “era mi casa”. No lo podía creer, Fabio se llama, hacía veintipico de años que no nos veíamos y nos reencontramos en Detroit.

¿Cuando entraste a trabajar en el Subte y cómo era en ese momento?

– En 1994, Junio del ’94. El año de la privatización, ya estaba privatizado. Justo me iba del MAS. Entré a trabajar como boletero. De entrada para mí fue un cambio fuerte, venía de dejar un poco el mundo de la política, que te genera un micro clima social. Vos entrabas al lugar, no conocías a nadie, era un poco bajar la cabeza y laburar, como hacía todo el mundo. No había mucho espíritu crítico. Yo decía “qué hago acá en medio de toda esta gente”, venía de otro planeta. Pero todos los que estaban eran parte del proceso real, que a la vez era tremendamente humano, porque era lo normal, la vida. Entonces tuve que entender que había una derrota, que la gente era así no porque era mala o jodida. Era así porque el país estaba así. Los raros éramos nosotros, que estábamos delirando, peleándonos por discusiones abstractas que poco tenían que ver con la realidad que vivíamos. Entonces a partir de ahí empecé a hacer una vida normal, la vida de un trabajador del subte y me fui alejando de los núcleos de debate político. No es que haya cambiado mi forma de pensar, sino alejándome de esos círculos, empecé a hacer círculos sociales con los compañeros. Organizar cada vez que alguien cumplía años comprarle un regalo, el día de cobro íbamos a comer todos juntos.
Una vez nos fuimos como quince a la casa de un familiar de un compañero en Santa Teresita, hicimos unos cambios raros de horarios para poder ir, igual cuando al volver llegamos todos tarde. Se armó despelote, porque era super represivo, llegabas tarde y te suspendían. Aparte la Empresa miraba mucho si había relaciones entre los trabajadores y trataba de evitarlas. Y así fuimos formando grupos, pero medio escondidos de la empresa. Ibamos a los recitales en ATC, cuando tocaban Divididos, Virus, Charly. Se generó un tejido social que nos puso fuertes, cuando vimos la posibilidad de organizarnos había entre los compañeros lazos muy fuertes.

¿Y cómo se fueron dando esa organización y las primeras luchas?

– Primero se empezaron a ver algunos movimientos entre los compañeros. En un momento quisieron empezar con rotaciones de los trabajadores por todas las líneas. Imaginate que implicaba situaciones desesperantes, yo por ejemplo entraba a trabajar a las cuatro y cuarto de la mañana, me había alquilado una vivienda cerca de donde tenía que entrar a trabajar, se complicaba el transporte y en esa época ninguno de nosotros tenía auto. Creo que esa fue la primera reacción colectiva.
Luego se producen dos despidos, en realidad despidos había todos los días, pero hubo dos despidos en especial que indignaron mucho a los compañeros. Uno era un compañero de mi línea, “Contrerita”, un conductor, que lo echan por un cometer un error en una tarea que en realidad no le correspondía, choca al maniobrar un tren para guardarlo. Chocó, no un choque importante, un choquecito entre formaciones fuera de servicio. Lo echan, y hubo una reacción fuerte de los compañeros. Ese fue el primer paro después de la privatización, justo era el día de mi cumpleaños. La compañera Virginia Bouvet lo relata muy bien en su libro. En ese momento yo vivía con Virginia y Manuel Compañez, compartiendo una casa. Nuestro nivel salarial no daba para pagar un alquiler, nuestro sueldo era de cuatrocientos treinta y cinco pesos, el alquiler de la casa era de quinientos cincuenta pesos.
Más tarde hay otro despido de una compañera que generó un conflicto importante. Y despues hay un choque, ese sí fue importante porque fue con pasajeros, en la línea D, y la empresa despide al conductor, hubo un paro. Finalmente el compañero quedó en la calle, pero ese conflicto fue ya una divisoria de aguas, esto habrá sido en el 98. Se frenaron un poco los despidos y había alguna línea, la línea D por ejemplo, que ya tenía delegados que eran pibes más combativos, piolas. Entonces ese momento fue un quiebre. En el 2000 presentamos listas de oposición en todas las líneas y ganamos en la mayoría, a partir de ahí empieza a cambiar la historia. Apenas somos elegidos delegados la empresa nos pone a prueba cuando decide eliminar el puesto de guarda, en la línea B, quería dejar solamente al conductor en los trenes haciendo también la tarea de abrir y cerrar puertas, algo que además ponía en peligro a los usuarios, se lo paramos.

También lograron sacar a Miguel Angel Rovira, un ex Triple A que era jefe de seguridad de Metrovías…

– Sí, se acercaron los compañeros de la Mesa de Escrache, mas precisamente del GAC (Grupo de Arte Callejero) e HIJOS. Me acuerdo que vino Charo Golder, no me olvido más, jaja, y me dice “¿viste que ahora está de moda hacer cosas con trabajadores?” y me propone hacer algo conjunto con el tema de Rovira. Se hizo la señalización del barrio y un boleto de subte que imitaba a uno auténtico pero con los datos de este genocida, que era encargado de seguridad de Metrovías. Lo hicimos, con las chicas del GAC y con Pablo Ares que estaba ahí también. Finalmente a Rovira tuvieron que sacarlo. 

¿Cuándo empiezan a ver la posibilidad de recuperar la jornada de 6 horas?

– La idea de las seis horas se empieza a concretar con un proyecto de Ley que era propagandístco, en el 2000 o 2001 lo preparamos con el diputado socialista Raúl Puy, a través de un viejo amigo que trabajaba de asesor, Carlos Macagno. Un día nos encontramos con Charly Macagno y me dice “¿qué podemos hacer?”, le dije que me parecía que había que empezar a hablar de las seis horas, ahí nace el proyecto de Ley, más como propaganda. Imaginate cuando fuimos al subte con el proyecto, estaban todos sorprendidos, “¡un proyecto de Ley!”. Claro, era un sector laboral que venía de una derrota gigante, recién se empezaban a evitar los despidos, de repente un proyecto con el que se hablaba de ellos en la esfera política, de ellos y de la problemática de su jornada laboral. Fue un salto muy importante, de sentirse cucarachas muchos compañeros empezaban a sentirse dragones, así, sorprendidos.
Y con la crisis del 2001, en el 2002, se abrió una oportunidad y dijimos “vamos a meterle por acá”, claro, íbamos a la Legislatura, te acercabas a un legislador y se corría porque tenía miedo de que le peguen, entonces nosotros le hablábamos, lo saludábamos, le dábamos la mano “lo venimos a ver porque queremos que traten una ley”, ¡paaa!, estaban todos enamorados. Nos recibían en los despachos para reuniones, con nosotros, que éramos todos unos impresentables, a tal nivel anduvo que la aprobaron, la votaron cerca del 90% de los legisladores, votaron en contra Crespo Campos y dos o tres legisladores.
Después Aníbal Ibarra la veta por presión de Roggio. Y cuando se volvió a tratar después del veto ya no la votaron ni los radicales ni los ibarristas. En el medio hay un conflicto con represión importante, e Ibarra preventivamente abre un expediente en la subsecretaría de trabajo, para que la insalubridad se tramitara a través de un expediente, hacer los estudios, etc. Cae la ley, pero se empiezan a hacer los estudios, los inspectores que estaban en la subsecretaría de trabajo hicieron un trabajo bueno, pero siempre quedaba una decisión política que no se producía. Entonces cuando vino el ballotage de Ibarra contra Macri, que finalmente gana Ibarra, decidimos apurar la decisión, nos reunimos con Ibarra para imponer la resolución de insalubridad y conseguir las seis horas. Después de eso Kirchner nos recibe, en realidad la reunión era con Alberto Fernández y en eso entra Néstor y hablamos con él. Después de eso Kirchner hizo que se firme la insalubridad, le bajó esa línea a Ibarra. En esa reunión estuvimos el Tano Leonardo Gervasi, Andrés Fontes, Charly Pérez, Sergio Chiappe y yo. El Tano Gervasi lo relata y te morís de risa: “¡Charly Perez un poco más hace la veña. Los troscos, Charly y Beto, saltando de la silla y diciendo cómo le va señor presidente!”. Nos quedamos todos sorprendidos, era una escena preparada por Kirchner.

Y recuperan finalmente la jornada de seis horas…

– Las seis horas se consiguen pero solamente para los puestos que se consideraban insalubres, quedan afuera las boleterías, los talleres de superficie, el premetro. Esto era en julio de 2003 ponele, en diciembre de ese año en el premetro logramos otro avance, como la resolución hablaba de conductores sin especificar de qué medio los conductores del premetro empezaron a cumplir las seis horas y se bajaban del tren, la empresa tuvo que firmar la reducción a seis horas en el premetro, ya no por insalubridad. Después, a las apuradas en el verano del 2004, Metrovías se sienta con la UTA y sacan la reducción a siete horas de los sectores que seguían afuera y poner máquinas expendedoras, entonces ahí viene el paro de cuatro días con el que se consiguió la jornada de seis horas para todos y que no bajaran las máquinas expendedoras, que ahora están apiladas en un taller.

Sin embargo ustedes tuvieron varios conflictos con el Ministerio de Trabajo de la Nación

– Carlos Tomada tenía que defender una política, no era simple para nadie, estaba la UTA en el medio, un sindicato nacional y nosotros estábamos ahí abajo. Lograr un equilibrio entre los dos me imagino que al Ministerio le costaba muchísimo. Porque tenía que sentarse a discutir con nosotros y después decirle a la UTA que firmara lo que habíamos acordado nosotros. Y eso desde ya que nos generaba cortocircuitos con el Ministerio de Trabajo, aveces en particular con algunos funcionarios que querían arreglar más rápido con la UTA que con nosotros. Después se resolvió el día que decidimos hacer un sindicato.

¿ Qué fue el Movimiento por la Jornada de 6 horas?

– Después del paro de 4 días y de conseguir las seis horas, con una repercusión nacional importante, dijimos “¿qué podemos hacer con esto?”. Era un momento con un alto nivel de desocupación en el país. Y decidimos impulsar algo que algunos de nosotros habíamos estudiado de jóvenes: cuando no hay trabajo hay que repartir las horas de trabajo, “vamos por esta”. Hubo un montón de gente con buenas intenciones que nos acompañó. Pero los gremios importantes no nos dieron bola. Encima muchos de los que venían nos decían “queremos aumento de salarios, vamos por paritarias”, u otros, más allá: “tenemos que pelear contra el gobierno”. Entonces teníamos discusiones con aliados que eran muy delirantes. Muy pocos vinieron realmente por lo que queríamos hacer. Después intentamos con el MIC (Movimiento Intersindical Clasista) donde intentamos armar una corriente sindical por fuera de la burocracia y de los partidos políticos. Y fracasó porque había muchos que querían transformarse en un partido político más que en un movimiento sindical. Conclusión: No daba la realidad para construir lo que queríamos. Y así seguimos buscando confluir con quienes teníamos que confluir.

-¿Después del paro de 4 días deciden crear el sindicato propio?

– Eso vino después. Bueno, en realidad siempre estuvo la idea. El mismo día 4 de la huelga había quienes decíamos “tenemos que irnos de la UTA”, pero hubiera sido un error porque no estaba madura la situación. Pasamos por diferentes etapas. La última etapa es cuando se va Palacios de la UTA y Roberto Fernández nos aprieta diciéndonos: “O se encuadran o los echo”. Ahí decidimos irnos. Bastante después vino la Consulta, el plebiscito de febrero de 2009, donde la decisión fue confirmada por la abrumadora mayoría de los trabajadores del subte.

-¿Cuál es tu punto de vista sobre los gobiernos de los Kirchner, siempre fue el mismo o lo fuiste cambiando?

– Tampoco fui muy original en esto, yo cambié mi punto de vista sobre el gobierno a partir de la resolución 125. Como muchísima gente cercana. Creo que la 125 fue un punto de inflexión, antes era muy crítico del gobierno, casi que no veía aspectos positivos te podría decir. Pero a partir del conflicto por la 125 cambié absolutamente mi punto de vista, fui a las movilizaciones de apoyo a la Plaza, fui al acto en Parque Norte por la 125. Ahí me encontré con muchos compañeros, lo primero que me llamó la atención era encontrarme con muchos compañeros que habían militado antes conmigo. Y lo otro era ver que la política me ubicaba, miraba quién estaba del otro lado y quién estaba acá e inmediatamente sabía dónde tenía que estar. A partir de la derrota de la 125 empecé a cambiar, veía lo absolutamente reaccionario de los que ganaban, de los que venían a la ofensiva. Aún así en las legislativas que vienen después, donde Néstor pierde con De Narváez, no voté al FpV e hice campaña para Martín Sabbatella. Después viene la abrumadora política progresista del kirchnerismo.

¿También al mismo tiempo empieza a cambiar tu apreciación de la CTA (Central de los Trabajadores de la Argentina)?

– No, ya después de conocer lo que era la UTA, lo que había sido mi idea de la burocracia en los 80 había cambiado. Me di cuenta cuando tuve que actuar en el sindicalismo. No podes decir que todos son lo mismo ¿Lo mismo quién?, ¿Luis Barrionuevo que Horacio Ghilini?, ¿Es lo mismo Oscar Lescano que Osvaldo Iadarola? No. Ni hablar los de la CTA, a algunos los conocí en su casa, muy lejos de ser multimillonarios con caballos de carrera. No podes decir que son “lo mismo”. Eso es la anti-política. Si es cierto que la CTA nunca me había llamado la atención, aunque teníamos amigos en la CTA que nos habían acompañado. Después de crear el sindicato no había muchas alternativas. ¿Qué íbamos a hacer?

¿Cómo fue el proceso que te llevó a integrar la lista de Hugo Yasky en CTA?

– Primero como fue el proceso que nos llevó a integrar la CTA, crear un sindicato nuevo completamente aislado no tenía sentido. En otra central no teníamos espacio, así que nos sumamos a la CTA, donde teníamos muchas más coincidencias. Y dentro de la CTA por qué el sector de Yasky, porque el otro sector nunca nos dio ni cinco de pelota. En ningún conflicto nos acompañó. El único fue Fabio Basteiro, que no era el dirigente principal. Hugo Yasky sí nos acompañó y bajó al subte a acompañarnos en algún conflicto. Y aparte por cuestiones políticas, nosotros con De Gennaro tenemos diferencias políticas profundas. A la 125 no la bancaron, su representante, Claudio Lozano, se abstuvo.

Sos crítico al rol poco activo de la CTA durante el 2001

– ¡Por eso nunca me había llamado la atención! Ellos lo saben, lo hemos discutido con los compañeros. Para mi la crisis de la CTA es un lastre de lo del 2001.

Venís del trotskismo y ahora militás en el partido de Sabbatella ¿Cómo se dio ese cambio?

– Del trotskismo me alejo por determinadas cuestiones prácticas. Yo sostengo que para romper con algo, tenés que romper con la teoría. Para mi hay aspectos teóricos fuertes. Cuando estábamos con lo de las 6 horas, un grupo trosco me decía “La burguesía no te va a dar las 6 horas, a menos no ser que sea con una estatización bajo control obrero no va a haber 6 horas. Porque la burguesía no esta en condiciones de dar ninguna concesión, porque estamos en la etapa agónica del capitalismo, según dice el Programa de Transición”. Y yo les decía “Es verdad, dice eso, pero me parece que a las 6 horas las vamos a conseguir”. Otro compañero me decía: “Vos tenés que decir que vayamos a la Legislatura, pero que no debemos tener confianza en esos traidores que están ahí, porque ellos van a votar en contra de las 6 horas”. Y yo decía… “pero si llego a decir eso los compañeros no vienen. Van a venir al pedo. Los compañeros me dirían que para eso no van, mejor se quedan a pasar el día con su esposa o su esposo”.
Esas concepciones políticas, que se desprenden de última del “Programa de Transición”, son equivocadas. Por lo menos para esta época. Sumado a eso, el hecho de que no es todo blanco o negro. No son todos burgueses o proletarios, hay otros sectores que inciden en la realidad. Eso te obliga a construir alianzas con otros sectores que no son solamente la clase obrera. Dentro de esas alianzas tenés que ver como construir una hegemonía que sea de progreso, que no sea reaccionaria. Y eso fue lo que me hizo cambiar mi visión trosca clásica.

Pero eso no quiere decir sacar todos los libros de tu biblioteca para hacer un asado

– Yo creo que el modelo del partido bolchevique es caduco, algo que no tiene nada que ver con esta etapa, pero acá tengo las obras completas de Lenin. Todos estos tipos han liderado grandes luchas sociales y hay que aprender de ellos, pero lo que sí nos enseña el marxismo es que hay que ser crítico. Analizar la realidad sin prejuicio me llevó a decir en un momento: el gobierno esta a la izquierda de la sociedad. Con la 125 fue así. La sociedad terminó bancando en las calles, y después en las urnas, en las legislativas, una política mas reaccionaria.

¿Y la revolución…?

– Te voy a contar una anécdota. Una vez me preguntaron si la revolución era posible o necesaria. Yo dije que era necesaria. Y eso es trágico. Porque si es necesaria y no la podemos hacer, estamos viviendo una tragedia. Entonces la verdad es que es posible. Hoy no, está claramente descartado. Pero sí se puede dar. Lo que uno puede hacer ahora es transformar cosas. Y eso no es poco, es muchísimo. Porque podes cambiar las condiciones de vida de las personas. ¿Uno por qué busca la revolución?, ¿Para decir “hice la revolución”?. No, la busca para que los seres humanos vivamos mejor. Y si uno puede, en medio de este sistema capitalista al que por ahora no podemos derrotar, conseguir cosas para estar mejor, buenísimo. Es necesario y es fundamental. Porque si uno quiere construir una sociedad nueva, tiene que tener a la gente bien para poder tener la fuerza para construir una sociedad mejor. Porque si mañana queremos manejar el subte, necesitamos compañeros capaces, que conozcan las técnicas, las tecnologías del transporte. Por eso capacitamos compañeros y debatimos un proyecto de transporte. Porque nos preparamos para que eso sea posible.

¿Cuál es tu balance de la huelga de los diez días?

– Nosotros sabíamos que esto era distinto a los paros anteriores. Acá hay muchos compañeros que son críticos del gobierno nacional, nosotros fuimos muy críticos en otro momento. Sin embargo antes conseguíamos cosas, sabíamos que ahora con el macrismo iba a ser diferente. De hecho, a penas asumió el control del subte salimos con 10 días de apertura de molinetes. Esa fue una respuesta política nuestra contra el “tarifazo” de Macri.

¿En beneficio de quién aumenta la tarifa y se le baja la recaudación a Metrovias?

– Eso fue un mal cálculo que hizo el macrismo. Ellos hicieron un cálculo sin poner el subsidio. Lo que no calcularon era que iba a bajar la cantidad de usuarios.

¿Hubo desde el gobierno nacional alguna llamada para levantar el último domingo del paro?

– No. Aparte todos nos conocen. Saben cuales son nuestros límites, para bien y para mal. Saben que si nosotros no conseguíamos nada no se iba a levantar el conflicto. Y que se iban a tener que bancar un conflicto muy largo. De 10 o 15 días más.

¿La pelea era también simbólica por quien firmaba el acta?

– A nosotros nunca nos importó la formalidad de quién firmaba. Lo importante era si había un acta firmada con mejoras.

¿Cómo vez que sale la UTA del conflicto?

– Lo que hizo la UTA fue una payasada. Después actuaron como vigilantes, diciendo que necesitaban seguridad para bajar a trabajar. A lo último como que terminan tirando la toalla, diciendo “lo del paro si lo tienen que preguntar a ellos, no a nosotros” totalmente vergonzoso, pero eso es la UTA.

¿Ustedes están todavía en una batalla legal con la UTA por la personería?

– A fin de año tendríamos que resolverlo. Va a ser un trámite… con todas las operaciones legales que va a hacer la UTA para intentar frenarlo. Pero estamos tranquilos.

Uno de los aspectos más criticados del gobierno nacional es su política de transporte. ¿Vos pensás que cambió algo después de Once?

– Cambiar, cambió. Se fue Juan Pablo Schiavi, se pasó Transporte al ámbito del Ministerio del Interior. Ahora hay que ver si estos cambios resultan. Yo no hubiera hecho esto. Yo creo que hay que tener un Ministerio de Transporte, y que hay que tener un plan nacional de transporte. El gobierno no optó por hacer un ministerio. Florencio Randazzo activó, habrá que ver cómo sigue. Ramos me parece un tipo serio, aunque no sea un tipo del “palo” de transporte, pero la política de des-centralización para mi es un error. El traspaso del subte para mi es un error. Para mi hay que hacer una política nacional de trasporte.

¿Pero ustedes no estuvieron a favor del traspaso del subte?

– No. A nosotros no nos consultó nadie. Lo que sí, ya esta hecho. Así que nosotros lo asumimos como un hecho.

¿Y cómo debería ser esa política de transporte centralizada?

– Para mi tendría que haber una política de transporte nacional que impulse principalmente la industria ferroviaria. Debería haber una red de subtes mucho más extendida, que llegue al Conurbano. Modificar la estructura de los subtes que no pueden ser más de dos vías, tienen que ser de cuatro. Para poder sacar rápidos. No es algo fácil, porque vas a necesitar inversiones internacionales. Necesitas una gran empresa constructora de trenes. Y primero la siderurgia porque si no, no tenes vías para que anden los trenes.

¿Que opinas de un posible escenario de reelección de CFK?

– Absolutamente de acuerdo. Para mi es la dirigente mas importante que existe hoy en el país, y más con los riesgos que tiene hoy este rumbo, sobre todo porque en muchas provincias no se han generado apoyos que apuntalen este proyecto, sino que provienen de la runfla conservadora que acompaña por conveniencia. Así que todos lo que dicen que más de dos mandatos no da, se equivocan. Porque a ninguno de ellos – al menos los que a mi me interesan – se les ocurriría decir que Fidel Castro estuvo mal porque estuvo 50 años. Si la gente la vota, para mi eso no tiene nada que ver.

¿Y qué opinas de las críticas hacia los puntos más débiles del gobierno? El tema de la soja, el extractivismo…

– Vos no vas a poder salir nunca de la soja si no desarrollas la industria. Las industrias que se han desarrollado no son importantes desde el punto de vista estructural. La automotriz es una industria de auto partes y está íntimamente ligada al mercado mundial. El nivel de sustentabilidad de esa industria es muy limitado. El problema es cómo pensar una industria que sea distinta. Se esta desarrollando por el lugar que es más fácil. Crecer más rápidamente  Entonces es el monocultivo, la soja, los autos… invaden con autos todos lados. Hay que intentar salir de eso. Buscar burgueses, pero como a las burgueses en Argentina no les gusta invertir, lo vas a tener que hacer vos. Es parte del debate que está abierto.

Veo que en el laburo que hacen ustedes también hay una relación no solo con lo reivindicativo sino también desde lo simbólico ¿Vos lo ves eso?

– Para mí más importante que las reivindicaciones es la lucha por los símbolos. Nuestra pelea es por la cabeza, no por si en vez de un kilo compras dos kilos de pan. La pelea por el pan es importante, no voy a decir que no. ¿Laburar poco y ganar bien sólo para comprarte plasma de 40 pulgadas?, después vas a querer el de 50 porque es el más nuevo, ¿para llegar a tu casa a ver los culos de Tinelli?, no tiene sentido eso. Si hacés todo esto es justamente para que los trabajadores puedan liberarse de la enajenación laboral, para que puedan desarrollarse, poder elegir, disfrutar. Para seguir enajenado pero con un plasma más grande, no.

El año pasado tuviste un transplante de hígado ¿te modificó algo pasar por esa experiencia?

– Claro, cuando uno está cerca del patíbulo empieza a plantearse la vida de otra manera. Antes era más obsesivo con algunas cosas, ahora lo soy menos. Además fueron un par de meses que estuve alejado del sindicato, y justo en ese momento Cristina habló mal de nosotros, por el tema de la tendinitis, y los compañeros la sacaron bien. Siempre está el miedo de los trabajos inconclusos. De las cosas a mitad de camino, que después se hacen pelota. Eso en el plano del trabajo político.
Después la vida tiene muchas otras cosas. Por ejemplo en el quirófano me doy cuenta de que no había ido a México. Viene el anestesista, me ve el tatuaje de Frida Kahlo, me dice “Ah, estuviste en México”. Y pensé mientras me dormían: “la puta madre, no, no estuve en México. Ni en Venecia ni en Grecia, me voy a morir en cinco minutos y no fui a todos esos lugares ¿Qué hice de mi vida?”. Entonces uno empieza a valorar otras cosas en la vida. Pero fundamentalmente acá en mi actividad, el miedo siempre a dejar las cosas inconclusas. Y no hay que cometer errores, porque eso te hace retroceder kilómetros. Ser boludo trae mala suerte. Eso es fundamental, por eso no hay que hacer boludeces. Igual creo que la parte más dificil ya la pasamos.

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